Un día cualquiera
Suena un despertador en el silencio de la noche. Lo oyes entre sueños pero no quieres hacerte a la idea de que es a tí a quien está llamando y lo apagas a tientas.
Dentro de esa semiconsciencia, argumentas mil razones para no darte por aludida, pero al final gana el siempre eterno sentido de la responsabilidad.
Apartas las sábanas y lentamente pones los pies en el suelo buscando a ciegas el lugar donde dejaste las zapatillas.
Vas al baño y abres la ducha. Ese resonar del agua que cae con fuerza sobre la bañera, te hace estremecer, rompiendo los últimos resquicios donde se había enseñoreado el sueño.
Te duchas y al salir mientras te secas, miras de reojo al espejo pensando que con que cara te has levantado esta mañana. Te enfrentas a él y en ese duelo intentas sacar el mayor provecho que te dará una tímida seguridad para salir al mundo.
Una vez tomado el frugal desayuno que te marca la dieta(¿Por qué estarán tan buenos los turrones?), coges las llaves y después de unos rápidos besos, un adiós y un "nos llamaremos", coges el ascensor que te llevará al parking.(Por favor, que no me encuentre a ningún vecino).
Se abre lentamente la puerta y va dejando entrar la visión de una semipenumbra en la que el sol no ha hecho todavía acto de presencia. Enciendes las luces de posición y sales a ese mundo que te espera.
No hay ni demasiadas personas ni demasiados coches por la calle. Pones la radio que te pondrá en contacto con las primeras noticias de la mañana y sigues tu camino
Coges Prat de la Riba y al entrar en Numancia buscas con la mirada donde está aparcado el coche de tu hijo. ¡Tu hijo! ¡Dios mío! ¡ Cómo ha pasado el tiempo! Aquella bolita que jugaba con aviones, es ya un hombre. Y entras en un estado de melancolía del que te esfuerzas por salir rápidamente. Atraviesas la Diagonal. El tráfico se va complicando más hasta que llegas a la Plaza de España.
Desastre y nerviosismo en los conductores. ¡ Ya han cambiado otra vez al guardia!. Aquello es un río con innumerables afluentes que van sorteando obstáculos. ¡ Por fin Montjuic!.
El hasta hace poco remanso de paz, se ha ido poblando de coches de auto-escuelas que dificultan la circulación de los automovilistas. Miras hacia abajo y ves Barcelona entre una medio "boirina". Un minuto filosófico te hace pensar en cuantas almas y cuantos sentimientos hay concentrados allá abajo.
Miras el reloj y te tranquilizas, ¡ vas bien de tiempo!. Llegas a tu destino y al salir del coche sabes que dejas atrás ese mundo de intimidad en el que has ido hablando contigo misma. Respiras hondamente. Te estiras la chaqueta y te subes el cuello de la misma. Echas el paso hacia delante y con decisión, vas a enfrentarte con lo que este día te tiene deparado.
Malena.