El comienzo de la Copa

Es la cita. La
Copa del Rey es un torneo muy especial. Desde dentro y desde fuera. Esta es la segunda vez que la vivo. Y mi pretensión es vivirla desde más de un punto de vista. Primero, llegar y ver el
ambiente exterior. Resulta muy bonito llegar a un pabellón y ver las calles aledañas llenas de gente de hasta
ocho aficiones distintas. Y no se ven peleas ni discusiones. Escuchas cánticos y sí, hay rivalidad, pero da la impresión de que nadie quiere llevarla más lejos de lo racional.
Cuánto deberían aprender las aficiones futboleras de las del baloncesto.
Después vives el
interior. Las gradas se van poblando y se forma una
marea multicolor en ellas. Sin embargo, no se veía un lleno absoluto. Hay gente que tiene el abono para toda la Copa y cuando no juega su equipo prefiere no ir. Es una pena. Seguro que hay gente que se ha quedado sin una localidad y sin embargo por la tele ve asientos vacíos. Eso se debería corregir. La
ACB debe pensar otro sistema. Lo bonito de la Copa es ver un pabellón de 15.000 personas, como el
Palacio de Deportes, lleno hasta arriba todos los días.
Después ves la
parte profesional de la Copa. Un montón de compañeros periodistas que tiene que “trabajar la Copa”. Haciendo estadísticas, grabando imágenes, cubriendo ruedas de prensa, realizando entrevistas… Pero tengo la impresión, aunque muchos no lo reconozcan, de que les gusta cubrir un torneo como este. Saben que es distinto, más
especial, con más repercusión, incluso robando un pequeño pedacito de importancia al
fútbol, el deporte rey vayas donde vayas dentro de España. Y no me quiero dejar en el tintero a los
voluntarios. Trabajan como los que más, sin ganar un duro, pero su sola presencia en un evento de estas características es suficiente combustible para ellos, y merecen un
reconocimiento por ello.
También he querido ver algo desde las gradas. Ver cómo lo vive la
afición. Y me ha tocado ver, en su máximo esplendor, a la
hinchada del Tau. Es, de largo, la que más gente moviliza en un evento como la Copa, sea cual sea la ciudad organizadora. Son
incansables, y se agradece que una afición apoye tanto a su equipo. Y este viernes entra en acción la
Demencia. A ver cómo se portan.
Y luego está el
parquet. El sitio donde se dilucida el título. El lugar del que todo el mundo está pendiente. Ahí es donde se reúnen, durante cuatro días, la mayoría de los
grandes jugadores de la ACB, la segunda mejor liga del mundo.
En el primer día de Copa teníamos un plato de primer orden:
Madrid-Barça. En mi cabeza había dudas. El equipo catalán es mejor, sí, pero tenía la sensación de que el Madrid, capaz de obrar
milagros de todos los colores, podría dar otra vez el callo y ganar desde la lucha, la casta, el rebote y la calidad de algunos de sus componentes. Por ejemplo,
Louis Bullock. Partido impresionante de “Sweet Lou”, que parece haya alcanzado una segunda juventud. Incluso en defensa se le ha visto especialmente activo.

Sin embargo, era el día de
Navarro. Su actuación ha pasado ya a la historia de este torneo. Ha batido su
marca personal de anotación en la Copa con 28 puntos, y ha firmado la mejor marca de asistencias del club en la
historia de esta competición con 10. Ha sido
memorable. En el último cuarto, cuando el Madrid se ha lanzado a la heroica para lograr su enésima remontada imposible, ha mantenido a su equipo a base de
triples. Ha metido los cuatro que ha lanzado en ese parcial final. Ahora falta ver si su esfuerzo le pasará factura en la semifinal del sábado, como a
Víctor Sada, que se ha vaciado en este cuarto de final.
En
rueda de prensa también se pueden apreciar detalles de la Copa. A Bullock le he notado hundido. Decía que su gran actuación no le iba a permitir dormir mejor. Supongo que todo lo contrario. Que te salga un partido así en un día tan especial, jugando la Copa en casa y frente al Barcelona, y que el equipo acabe perdiendo debe ser muy
frustrante, porque sabes que tú has hecho todo lo que has podido. Pero había un gran rival enfrente.
Joan Plaza estaba triste. Era un estado de ánimo distinto. Creo que tenía muchísimas ganas de afrontar esta Copa e ir a por ella. De hecho, el Madrid lleva como
17 años sin ganarla. Pero también creo que, en el fondo, sabía de antemano que ganarla era una
misión casi imposible.
Xavi Pascual y Juan Carlos Navarro presentaban un aire de lógica felicidad. Pero saben que esto no ha hecho más que empezar. La batalla del sábado es totalmente distinta.
Muy dura. Les va a exigir un nivel de concentración elevadísimo y un nivel de acierto similar al del primer partido, que por cierto ha sido realmente alto. Y a Navarro le he notado un punto de orgullo.
Necesitaba reivindicarse y vaya si lo ha hecho.
Después han comparecido en la cancha el
Tau y el
Pamesa. El favorito era el conjunto vitoriano sin duda. Pero el inicio de partido ha dibujado un paisaje muy distinto. Los valencianos dominaban el marcador a sus anchas gracias a su
extraordinario acierto en el tiro. Pero, sinceramente, nunca se me pasó por la cabeza que pudieran derrotar al Tau. No es que los de
Dusko Ivanovic después se hayan marcado un partidazo, pero cuando tienes en tu plantilla a
Pablo Prigioni y
Tiago Splitter partes con ventaja. Y poco a poco el Pamesa parecía hacerse más pequeño. Aún así, aguantaba en el partido. Pero en el último cuarto han perdido los papeles. Cada ataque era un suplicio. No sabían qué hacer con el balón. Pasaban los segundos y quien lo botaba se veía obligado a lanzar de manera incómoda. La
defensa del Tau influye, sí, pero yo no podía entender qué estaba pasando. Y
Avdalovic sentado. Cuando ha vuelto a cancha, ya no había nada que hacer.
Al final, el Tau ha ganado por 16 puntos, y en el cómputo total del partido no parece que la
diferencia entre los dos equipos haya sido tanta. Pero en el momento de la verdad, el conjunto toronja
no ha creído en sus posibilidades de ganar.

La rueda de prensa posterior me ha parecido muy interesante. Primero,
Albert Oliver y
Neven Spahija por el Pamesa. Jugador y técnico, si bien descontentos por la derrota, se han empeñado en extraer una
lectura positiva. Han jugado la Copa, frente a un equipazo, y durante
30 minutos han demostrado que podían competir contra él. El equipo tiene que encontrarse a sí mismo y saber que tiene nivel para estar en los
play-off de la ACB y también para intentar el asalto a la
Eurocup, la segunda competición europea de clubes más importante. Han de recuperar a
Víctor Claver, que podría volver antes de lo previsto, y a ver hasta dónde llegan.
Por el Tau han comparecido
Sergi Vidal y Dusko Ivanovic. Cómo se nota la mano del serbio en el equipo. Vidal parecía incluso
arrepentido por el inicio de partido que había hecho su equipo (llegaron a estar perdiendo 8-20). Siempre hay que aprender de los errores, y
Dusko no quiere que eso se le olvide a sus jugadores. El técnico del Tau es muy
exigente, pero con ese estilo ya ha triunfado con el Tau, y espera volver a hacerlo. Me quedo con una frase suya: este torneo no es sólo para los jugadores de más calidad, si no para los que
juegan con más paciencia e inteligencia (no la entrecomillo porque no ha sido literalmente así). Seguro que la primera palabra que se le ocurre al levantarse, es
ganar, pero eso conlleva un enorme
sacrificio previo.
Dejo para el final el asunto del
arbitraje. He oído quejas. En el caso de los madridistas, me parecen
infundadas. Y Plaza ha sido el primero que ha dejado claro que los árbitros no han sido determinantes, pese a que durante el choque ha estado quejoso hacia ellos. En el caso de los valencianos, podrían tener
algo de razón. Spahija estaba terriblemente descontento con el arbitraje. Y lo ha remarcado diciendo que en su carrera profesional nunca había visto que en un partido de este nivel un equipo lanzara
sólo tres tiros libres como ha sido el caso del Pamesa (la verdad es que el dato es ciertamente muy llamativo).
En fin, la Copa no ha hecho más que empezar. Quedan
muchos detalles por ver, equipos que no han debutado aún. Este viernes voy a poder ver de cerca por segunda vez a
Ricky Rubio, y eso me emociona. Los que vayan a estar en el Palacio de Deportes viéndolo, les aconsejo que
no pierdan detalle, porque es alguien realmente especial. Procuraré seguir contando desde aquí lo que vaya sucediendo en este remozado pabellón, que aunque no tenga la mística del viejo (y quizá nunca la tenga) es un
escenario francamente bueno para celebrar uno de los eventos más destacados del baloncesto europeo.