¿Te acuerdas de... Charles Barkley?
Le llamaban “El Gordo”. Sólo con ver alguna imagen suya se adivina porqué. Era un jugador con un físico muy particular. Y le sobraba peso. Era evidente. Pero eso no le impedía ser un destacadísimo jugador de su generación. Llegó a la NBA en el mismo draft que Michael Jordan, pero un par de puestos más abajo. Lo más sorprendente es que jugara de ala-pívot en la NBA. Según la liga norteamericana, Barkley mide 1.98, pero no son pocos los que opinan que ese dato estaba “inflado”. Opinad vosotros mismos.
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Su capacidad reboteadora fue siempre descomunal. Incluso hubo una temporada, su tercera en la Liga, en la que logró ser el mejor en este aspecto estadístico con casi 15 rebotes de media. Algo teóricamente vedado a los pequeños era una de las grandes especialidades de “Sir Charles”. La verdad es que sorprendía verle moverse en la cancha con esa facilidad y soltura, pese a su elevado peso.

Aparte de eso, era un provocador nato. Dentro y fuera de la pista, fue famoso por su comportamiento, que buscaba picar a sus rivales. Pero también se picaba él mismo. Probablemente, era de ese tipo de jugadores que adoras si juega en tu equipo y odias si juega en el contrario, pero a mi me apasionaba verle jugar, pese a que nunca estuvo en el equipo de mis amores en la NBA.
Desgraciadamente, Barkley pasó a engordar la larga lista de estrellas de la NBA que se retiran sin ganar el anillo de campeón. Estuvo muy cerca en el año 1993, cuando se plantó en la final de la competición con sus Phoenix Suns después de ser nombrado MVP de la temporada. Sin embargo, Phil Jackson, Michael Jordan, Scottie Pippen y compañía les privaron del título. Este objetivo fue una obsesión para “Sir Charles”, pero ni siquiera en Houston Rockets, con una sobresaliente plantilla, lo consiguió. Las lesiones se encargaron de machacar sus últimos años, hasta que se retiró a los 37. Probablemente, hubiera continuado, demostrando ser uno de los mejores “cuatros” de las últimas décadas.