La grandeza de Paul Pierce

Es el
MVP de las últimas finales. El que ha conducido a los
Boston Celtics al título 22 años después. Eso tiene mérito, pero sobre todo puede ser suficiente para que este jugador tenga un hueco en la historia del baloncesto. Hacer campeón a una franquicia como esa no es cualquier cosa. A ella pertenecen un buen puñado de figuras históricas del deporte de la canasta, empezando por
Red Auerbach, como entrenador, presidente y ejecutivo, y
Bill Russell, el hombre que más anillos ha acumulado en sus dedos como jugador.
Pero lo de
Paul Pierce este año tiene mérito. Ha vivido toda la temporada a la sombra del liderazgo de
Kevin Garnett, una de las dos superestrellas fichadas por el equipo para asaltar el trono conquistado por
San Antonio en 2007. Lejos de incubar envidia en su interior, ha sabido responder a su nueva situación. El llevaba varios años siendo el líder de este vestuario, y ahora debía compartir su protagonismo. Durante meses, no sólo lo ha compartido, si no que ha cedido su corona a Garnett por el bien de los Celtics.
Sin embargo, pese a la cantidad de focos que acaparaban sus nuevos compañeros,
Pierce acabó siendo el mejor anotador de los Celtics. Sin embargo, Garnett se llevó muchos más votos que él de cara a la nominación como MVP de la Liga regular (no confundir con el premio de las finales). Creo que no se trató justamente al
número 34 en aquel momento.
En los ‘play-offs’ la tónica era la misma. Hasta que llegó la final. Garnett se topó con un
Pau Gasol que dio un buen rendimiento defensivo, generando unos bajos porcentajes de tiro al ala-pívot rival. Sin embargo, Pierce estuvo incontenible. En el primer partido pareció lesionarse, se retiró a los vestuarios, para luego volver y comandar a los suyos hasta la victoria. Ahí empezó a ganar el premio de mejor jugador de la serie. Y continuó en el segundo choque, cuando sepultó a los
Lakers y puso el 2-0, que sonaba casi a definitivo. Tras un mal tercer partido, resucitó en el cuarto para ser una pieza indispensable en la gran remontada que acabó por ser la clave de la eliminatoria. Estuvo descomunal en el quinto, pero no valió de nada, y en el sexto, más apagado, acabó regalando pases a sus compañeros para sumarse a la
gran fiesta del anillo.
Su premio de
MVP en las finales ha sido muy merecido. Ejerció como
capitán, héroe y ajusticiador para una franquicia que reverdece (y nunca mejor dicho) viejos laureles. El líder que nunca se fue recibió su reconocimiento. Se ha ganado un hueco en el techo del pabellón de Boston, en el que será
colgada su camiseta cuando se retire. Pierce, que de joven repudiaba a los Celtics (nació en el barrio donde jugaban los Lakers), ha sido el encargado de devolverles la gloria. Cosas del baloncesto…