Boston gana el anillo apalizando a los Lakers
El sexto partido de la final fue una cuestión de intensidad. Desde el principio, los Celtics se mostraron más activos, más motivados, más metidos en la pista. Las ayudas defensivas fueron constantes. Siempre había un defensor que llegaba al tiro rival. En los Lakers, las cosas no funcionaban de igual manera. La diferencia en el marcador no se estiraba en el primer cuarto, pero las sensaciones de los de Phil Jackson no eran lo suficientemente buenas como para creer en la victoria de los californianos.
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La ventaja comenzó a aumentar mediado el segundo cuarto. El rebote ofensivo era una sangría para Lakers, y en ese momento de partido los de Doc Rivers lo aprovecharon para clavar dos triples seguidos que encendieron las alarmas. Ahí empezó la debacle. Gasol estaba haciéndolo muy bien en defensa, pero seguía sin estar participativo en ataque. Eso ha ocurrido en varios partidos de esta final. Y su equipo lo ha notado.
A partir de aquí, una paliza descomunal. La grada como loca, el equipo local desatado, y los Lakers hundidos. Incapaces de soportar el ritmo de su oponente. Lo que ha ocurrido durante casi toda la eliminatoria. En algunos momentos, parecía que los angelinos podían estar en la final, pero siempre ha olido a que el anillo se lo llevarían los Celtics.

Si nos centramos en la actuación de Pau Gasol, hay que reconocer que esperábamos más de él. Es cierto que ha acusado la larga temporada. Desde que llegó a la NBA, siempre se había ido de vacaciones en abril, y esta vez le ha tocado aguantar hasta mediados de junio. El altísimo ritmo de partidos le ha pasado factura. Pero aún así, le ha faltado decisión. Es como si él, o incluso el equipo, no hayan confiado en sus posibilidades. En ataque apenas ha hecho daño al rival. Y tiene condiciones para hacerlo. La lectura positiva es que Pau está en un equipo fuerte, ya ha probado lo que es jugar una final NBA, y seguramente tendrá nuevas oportunidades de llegar hasta ese escalón.
Este año, sin embargo, le ha tocado perder. Los Celtics han ganado la final de las finales, la final soñada por todos, sobre todo por la NBA. Y lo han hecho con contundencia y con todo merecimiento. No sólo Boston ha hecho méritos para ganarla, sino que Los Angeles Lakers han hecho todo lo necesario para perderla. Realmente, la serie no se perdió en el sexto partido, sino en el cuarto, con esa remontada imposible que los Celtics llevaron a cabo en el Staples Center de Los Angeles. Paul Pierce, el capitán del equipo campeón, recibió el MVP. Pero de eso hablaremos en el próximo capítulo.