Los Lakers no se encuentran
Para qué nos vamos a engañar. Los Angeles Lakers lo tienen crudo. Fundamentalmente, porque en la final ante los Celtics no están siendo ellos mismos. Su rival no les deja. Los de Phil Jackson están obligados a cambiar el guión, y no se adaptan. En casi todo momento a lo largo de estos tres partidos la sensación ha sido que Boston tenía la situación bajo control. Incluso en el partido que perdieron.
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El tercer choque de esta final es el que ha salvado a los Lakers de la derrota total. Pero su sombra sobrevoló el Staples Center constantemente. Pese al desastroso partido de Kevin Garnett y Paul Pierce, los Celtics siempre dieron la impresión de que podían ganar el partido. Acechando al enemigo. Haciéndole dudar. Obligando a Kobe Bryant a vaciarse.
Da la sensación de que los del estado de Massachussets están cómodos en esta eliminatoria. Lo tienen controlado. Pero enfrente hay un equipo que puede despertar en cualquier momento. Más les vale intentar matar la serie en el cuarto partido, porque de lo contrario darán la oportunidad al león dormido de volver por sus fueros y arrebatarles un anillo que ya casi tocan y huelen.

Las malas noticias en los Lakers se centran en Lamar Odom. Ha perdido la chispa de las primeras eliminatorias, y está teniendo muchos problemas con las faltas personales. Se le ve descentrado, y cuando quiere tomar responsabilidades para arrimar el hombro, lo hace de una manera alocada. Tampoco Pau Gasol nos está dando demasiadas alegrías. Salvo la primera parte del segundo partido, el de Sant Boi está un poco apartado en ataque. Su defensa sobre Garnett, eso sí, está siendo de un gran nivel, haciendo bajar los porcentajes de este gran ala-pívot. Pero el español debe participar más en ataque, incomodar a su defensor y rematar el buen hacer de sus compañeros exteriores.
Así pues, Phil Jackson sigue teniendo mucho trabajo por delante. Necesita que su equipo vuelva a ser el mismo de hace unas pocas semanas. Sus chicos deben de imponer su propio guión. Hacer saltar la chispa. Imprimir más velocidad al juego. Abrir la defensa rival. Sólo así habrá una cierta garantía de éxito.