Os hablaré de la fauna de mi trabajo. De mis compañeros.
Y digo bien, compañerOs…porque soy la única chica que trabaja allí.
La verdad que lo prefiero. Antes estaba en otra oficina de la misma empresa, rodeada de mujeres y hombres (tenía además una jefa), y he llegado a la conclusión aun siendo mujer, de que no hay nada como tener hombres a tu alrededor en tu trabajo.
Las mujeres (y yo me incluyo), somos más propensas a ir analizando cada palabra que se nos dice, especialmente si nos la dice otra mujer: …me habrá dicho que le encanta el color de mis uñas, pero en el fondo cree que parezco un putón verbenero...¿porqué mira tanto mi pelo, llevaré una cagada de mosca?...El caso es que el 90% de las ocasiones, realmente le gusta el color de tus uñas, y se muerde las suyas porque no le has dicho la marca y mira hacia tu pelo, pero realmente está pensando en la ropa interior que se va a poner esta noche en la cena con su churri. De tu pelo no se ha dado ni cuenta si llevas 10 cm de raya porque hace siglos que no vas al tinte.
Las mujeres somos así. Tendemos por naturaleza a malinterpretar lo que se nos dice o lo que se hace a nuestro alrededor y pensamos que todo es ello es un complot contra nosotras mismas. ¡¡¡ como si fuéramos el ombligo del mundo!!!
El caso es que trabajar con chicos es más sencillo. Además yo me siento más cómoda.
Es como cuando era pequeña. Pasaba de ir a jugar a las casitas a casa de mi vecina (donde mi madre, por cierto me tendría más vigilada), y en cambio, me encantaba colarme de estrangis con mis compañeros del cole, en el huerto del tío Juanillo a comernos los membrillos y los melocotones.

Ahora, eso sí, cuando salía el dueño escopeta en mano detrás de nosotros, yo siempre me quedaba la última. Pero no por nada, sino porque ya desde niña, pensaba que las cosas se solucionan hablando y quería hacerle comprender a aquel hombre que no lo íbamos a volver a hacer y que nos perdonara….menos mal que siempre estaba ahí mi salvador, que por cierto le iba en el nombre ya que se llamaba así, y tiraba de mí con fuerza antes de que aquel señor y su escopeta diera buena cuenta de mí. Sé que no nos hubiera hecho nada, y que era una medida disuasoria, pero es que tarde sí y tarde no, pasábamos por allí para merendar, antes de hacernos ingenieros agrónomos, que no era otra cosa que ingeniar cómo construir nuestro refugio con los cartones, plásticos y demás escombros que encontrábamos en un solar adyacente.
Así que como véis, siempre me he sentido más a gusto con los chicos que con las chicas. Aunque ya he cambiado el tiznarme la cara con hollín de alguna quema de rastrojos, para jugar a indios y vaqueros, por pinturitas de Marga Castor, que a fin de cuentas, no es otra manera más de ponerte unas pinturas de guerra, para poder conquistar algo. Hace 25 años conquistaba el monte gallo y hoy intento conquistar a mi gallo para llevármelo al monte.
En fin…paradojas de la vida.
Pues eso, que cuando me propuso el gran jefe de mi empresa a principios de año, el traslado a otra oficina, porque creían en mí, era una manera de ascenderme, me pagarían más, y además era la persona perfecta para ese puesto de responsabilidad (….eres un encanto con los clientes, sólo hablan bien de ti, pero he visto también cómo sabes ponerte en tu sitio cuando la situación lo requiere, y eso es muy importante…), no me lo pensé mucho. Sí, me pillaba mucho más lejos de casa, no sabía nada sobre esa parte de la producción de mi empresa con lo que casi empezaba de cero, pero recordaba por breves llamadas en los años que llevo trabajando aquí, y de las cenas de empresa, que en este sector, sólo trabajaban chicos. Quitaba de un plumazo a mi jefa, la cual se alegraba mucho por mí…o eso decía, sigo pensando después de tantos meses, que se alegraba más por ella, por quitarme de en medio en una palabra….¿véis? siempre pensando mal…jajajajajaja. Bueno, estoy convencida de que Mª Antonieta veía el cielo abierto con mi marcha…ya que en el último año, tanto mi trabajo como el de una compañera mía, estaba dejando en evidencia su incompetencia y su gandulería a la hora de trabajar. Además, si hacíamos algo bien, había sido cosa suya, y si nos equivocábamos en algo, había sido cosa nuestra. Los últimos meses, cuando una de tantas veces se equivocaba o se le había olvidado hacer? algo? importante? hasta la oía por teléfono decir que habíamos sido mi otra compañera o yo. No sé cómo no me salió una úlcera. Es de esas personas que creen que ser jefe es sinónimo de mandar y que trabajar es llevar la pechuga oprimida y a punto de explotarle por el escote, y ponerla encima de la mesa cuando algún cliente grande, menos grande, o simplemente el de mantenimiento, se acercaban a sus dominios.
Todavía y en la distancia intenta joderme, lo que pasa es que ahora ella y yo casi estamos al mismo nivel dentro de la empresa, así que yo sigo también dejándola en evidencia aunque no sea a posta. Ahora mi futuro laboral no depende de cómo se levante ella por la mañana o si ha discutió anoche con su amorcito (el cual es Director Comercial de la empresa).
Bueno, una vez hecha la terapia de grupo con vosotros jajajaja (fue año y medio de aguantarla), os hablaré de mis nuevos compañeros.
Me siento la reina del harén. La verdad, los comienzos fueron un poco raros. No veían una mujer en muchos años jajajajaja…bueno, en la oficina se entiende.
Así que habían olvidado un poco los modales delante de una señorita jajajajajaajaja
Además mi empresa está relacionada con el sector de la construcción, así que os podéis imaginar lo que desfila todos los días por allí.
Por eso estaban un poco asilvestrados, pero con un poco de mano izquierda, e intentando que me vieran como uno más de ellos, creo que hemos conseguido un ambiente muy bueno, a parte de que yo aporte el toque femenino a todo hasta en las conversaciones en la hora del café.
Y cuando digo a todo, es todo. Nada más aterrizar aquel lunes de marzo por allí, me dejó helada el aspecto de la oficina. Parecía un ambulatorio. Todo blanco. Sobrio. Serio. Parecía que en cualquier momento iba a salir una enfermera dictando nuestros nombres por orden de entrada.
Estaba claro que allí hacía falta una mujer. En unos días cogí la confianza suficiente para hacer una colecta y comprar un equipo de música para amenizar un poco el silencio de la oficina, sólo roto por los ruidos de la fábrica y el teléfono. En una semana ya había colocado hasta macetas por puntos estratégicos. Jajajajaajaja…está claro, llega una mujer y lo revuelve todo. Ellos, supongo, que estaban muy a gusto como estaban, no lo dudo, pero hasta los encargados de la fábrica, los clientes, e incluso mi jefe que en unas semanas se dejó caer por allí, reconoció los cambios más que acertados.
Aunque todavía tengo muchos planes en la cabeza, pero entiendo que he de ir poquito a poco, pero el próximo paso debe ser comprar un espejo para el WC….¿cómo pueden vivir sin uno? Jajajajajajaaja
Como véis estoy muy a gusto en mi lugar de trabajo. Hemos conseguido un equilibrio estupendo, que sólo rompe una persona, pero en fín, siempre tiene que haber alguien que venga y lo joda, no?. He de reconocer que los mimo mucho. No les falta el desayuno alguna mañana que otra, o mini-helados de la gasolinera este verano cuando entrábamos a las 15:30h a trabajar con 40ºC a la sombra.
Soy una más, y saben cuándo tratarme como una más y cuándo no. Porque en el fondo no dejo de ser mujer. Me río con ellos, nos hacemos bromas, e incluso alguna noche nos hemos ido a montar en karts y desahogarnos pegando unas vueltas a toda velocidad, hasta que el responsable de la pista nos para el motor a conciencia.
Otro día os contaré cómo me he ganado al personal que no es de oficina. Ese que está por la fábrica, y que todavía alucinó más cuando me vieron llegar y me presentaron como su jefa. Jajajajajajaja. Pero sólo si me dejáis algún que otro comentario. Necesito estímulo y aunque sé que algunos pasáis por aquí, no sé lo que pensáis sobre lo que escribo. Venga, animaros !!!....Cabemos todos!!!