La Garita del Diablo
En prevención a los ataques piratas, la capital de Puerto Rico se rodeó de castillos con murallas y muchas garitas de vigilancia. Una de dichas garitas estaba muy alejada y solitaria, y reposaba sobre un impresionante acantilado. Una noche el soldado Flor de Azahar estaba velando dicha garita. Como de costumbre, los gritos de contraseña de los soldados se escuchaban de trecho en trecho pero, al llegar a esta garita, nadie contestó. Sólo se escuchaba el viento silbar y el mar con su rumor.
Flor de Azahar era un soldado español muy destacado por su belleza y Diana era una mestiza muy hermosa. Ambos estaban enamorados. Se conformaban con mirarse y hablarse con los ojos pues a él la ordenanza le prohibía acercarse a ella, y ella, se lo prohibía su madre. Se comunicaban a través de la guitarra del joven soldado y se lanzaban mensajes en clave:
Mañana cuando anochezca,
Vete a buscar a tu amor,
Porque lejos de tus brazos
Se le muere el corazón.
A la noche siguiente, Diana se levantó sigilosamente y salió discretamente de su casa para buscar a su amor. Cuando se encontraron en la garita, decidieron huir lejos y vivir juntos para siempre. Diana le había llevado un traje civil. Él dejó en la garita el fusil, la cartuchera y el uniforme y sin hacer el menor ruido huyeron hacia la sierra. Allí, a escondidas, construyeron su hogar y vivieron juntos el resto de sus días.
Dicen que en la garita, por las noches se escucha el rasgueo de la guitarra y una risa disuelta que se entremezcla con el viento. Son Diana y Flor de Azahar, que se burlan de los que inventaron la leyenda de la garita del Diablo.
Leyenda puertorriqueña.
