atardeceres y estrellas...
Es mi momento favorito del día, ese en el que estás en casa después de un largo día. Ese en el que el cielo empieza a ponerse de un color diferente, que a mi me resulta cálido, hermoso y relajante. Te dispones a darte una ducha de agua caliente si es invierno. O a tomarte un refresco en la terraza de casa antes de cenar si es verano. Es ese momento del día en el que me siento más cómoda. Más yo.
Yo nací en noche cerrada, así que no se por qué me gustan tanto los atardeceres. Ver esconderse el sol tras las montañas y despedirle hasta la mañana siguiente. Y después la luna y las estrellas. No se si os he contado alguna vez que tengo la habitación llena de estrellas pequeñas que no se aprecian por el día, pero que brillan en la oscuridad. Me las regaló Jorge, un día que se quedó a dormir en casa y durmió en mi cuarto… me levanté al día siguiente y... allí estaban. Por la noche a veces intento contarlas, pero son tantas que suelo quedarme dormida en el intento. Me acompañan, no me siento sola al tenerlas, aunque os parezca una tontería. Odio la soledad y la oscuridad, y el tener esas estrellitas vigilándome por la noche, me hace sentir bien.
En definitiva...¡qué bonito es el cielo!