Hay apreciaciones o cuestiones de bulto
importante que se nos escapan a la hora de valorar el problema que
tenemos con los paraísos fiscales, y que es importante tratar para
poder solucionar este asunto. En primer lugar, si los paraísos
fiscales existen es por que los dueños o usuarios de estos, son los
que gobiernan a los que nos gobiernan, y por tanto, los que nos
gobiernan, harán como que hacen pero al final no hacen nada. Si por
ejemplo quieres talar un bosque, crea primero que nada una sociedad
protectora del bosque y luego podrás demorar y canalizar el
descontento popular hasta que hayas terminado de talar el bosque.
Por esta razón, me parece ingenuo estar denunciando y reclamando a
nuestras autoridades todas las injusticias y abusos que hay a cerca de
los paraísos fiscales.
El problema de los paraísos fiscales,
no es por los impuestos que pueden sustraerse de ese inmenso capital
y no se hace, sino por el dinero que se retiene y que necesita
nuestra economía para que funcione. Ponemos en cuestión la
capacidad de nuestros políticos para el despilfarro y
choriceo, pensando que con ese dinero extra recaudado, seria
suficiente para solucionar nuestro problema económico, pues por más
dinero que se recaude, ellos son más capaces todavía. El problema es que no
haya el dinero circulante suficiente que permita a nuestra economía
generar la riqueza necesaria para sostener la capacitad despilafarradora
y sustractora de nuestros políticos. El dinero que afluyese de esos
impuestos paradisíacos, gestionado por nuestros
políticos con especial debilidad hacia la inversión no productiva,
supondría un lastre, pues una afluencia tal de dinero, repartido
sobre los mismos bienes, o PIB, supondría de inmediato una respuesta
inflacionaria en la misma medida. La deuda del estado sería
contenida, pero el gasto publico sería indirectamente (vía
inflación) soportado por la economía privada, con una deuda más
gorda si cabe, más injustamente repartida y con una capacidad competitiva venida a menos a cada
vuelta de impuestos que diera nuestro dinero. Nuestro error es creer
que el dinero tiene valor en sí mismo y que la inversión pública
social (o reparto de bienes y servicios) en manos de nuestros
políticos nos proporciona beneficios netos.
Por eso es importante ir al grano y
darnos cuenta donde está el problema de fondo de nuestra economía.
Cuando la sociedad se de cuenta que el único modo de librase de la
zarpa de la opresión oligárquica es prescindiendo de la clase
política que nos representa, y que el único modo de libramos de la
casta es dejando escaños vacíos en el parlamento (votar a un
partido que presente esa opción) o desligitimándolos con nuestros
votos en blanco o nulos, no tengáis duda alguna que ese será
nuestro primer paso hacia nuestra libertad, nuestra verdadera
libertad, la que nos proporciona el conocimiento de la verdad, de
nuestra realidad, y todos votaremos en consciencia, como una sola
voz por el bien de los demás más que por el bien propio, y será
imparable, como imparable es el despertar de esta sociedad. Y esta
sociedad será gobernada con el corazón.
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