¿DÓNDE ESTÁ EL ALMA DEL GUERRERO?
La llegada de Manzano-concretamente de un nuevo entrenador- era necesaria para el Sevilla F.C., metido en una vorágine de resultados desoladores y en una espiral de desconfianza demasiado galopante. Su aterrizaje trajo un cambio en los resultados, nuevos aires, un aumento de la unión en torno al equipo y una ascensión en la clasificación tanto liguera como de la Europa League. El conjunto parecía vivir más relajado, más metido en la dinámica de la competición y mostrando una recuperación que ilusionaba con mostrarnos un boceto interesante de algo que cuajara en un muy buen equipo de fútbol.
Gregorio vino con unas ideas, a través de un cierto conocimiento de la plantilla, que parecían querernos mostrar que buscaba dotar al equipo de creatividad en el mediocampo. Las principales variantes estaban reflejadas en la concepción del triángulo interior del equipo, con la inclusión de dos mediocentros que destacan más por el trato de balón que por la conducción, la agresividad defensiva y la lectura de las permutas, ayudas y coberturas al resto de compañeros. Junto a ellos, apareció Kanouté como indiscutible, aparcando un debate que llevaba tiempo instaurado en el entorno sevillista sobre la necesaria dosificación de sus minutos en el campo. Por fuera dos extremos y la amplitud como primera premisa, para lo que se buscaba en el momento actual-con la baja de Navas- que jugaran a pierna buena pero incluyendo como variante su aparición en posiciones interiores en muchas ocasiones-como reflejamos en el análisis del partido contra el Atlético de Madrid, donde la clave estuvo en el juego interior de los hombres de banda ofensivos-.
Se vieron buenos momentos en el equipo, contra Atlético de Madrid, Valencia en la segunda parte y los 60 primeros minutos contra el Athletic en casa. A priori conjuntos que mostraban un buen nivel en liga, situados en posiciones altas de la clasificación y que tienen como premisa principal el buen trato al balón, criterio ofensivo desde la organización defensiva. Es decir equipos que tratan de jugar en los dos campos y quieren ser protagonistas en el juego. Los partidos contra Karpaty y Real Unión no se deben incluir en este primer análisis con cierta seriedad que le damos a la puesta en escena de Gregorio Manzano. Por el contrario no vimos un Sevilla acorde a lo esperado en el Molinón para cerrar este ciclo de casi dos meses del nuevo entrenador del Sevilla con la derrota frente al Mallorca en otro enfrentamiento de bajo nivel después de la victoria agónica en Zaragoza, donde el resultado fue más casual que causal puesto que el equipo no mostró causas para ganarlo.
Los problemas para este modelo de Sevilla de Gregorio Manzano comienzan cuando el nivel de activación del conjunto decrece. Se observan picos demasiado pronunciados de rendimiento en el club de Nervión cuando grupalmente baja la intensidad en las disputas, en la presión, en lucha por los balones divididos, en el movimiento coordinado de los jugadores en el aspecto defensivo. En este sentido el equipo sigue dependiendo en estos partidos excesivamente de las individualidades. Cuando están fuera del equipo jugadores como Fernando Navarro, Zokora, Cáceres o Navas, la fortaleza defensiva decrece demasiado, estos jugadores meten una intensidad que parece contagiar a otros. Si un día en concreto, como en la tarde dehoyr, ninguno de ellos comparece en el once, observamos a un cadáver andante en las tareas de recuperación y que sufre para hacerse con la pelota. La presión del rival se hace un muro y el supuesto estilo de creatividad desde mediocampo se queda en la pizarra. El fútbol de alta competición no sólo es calidad, posesión de balón y criterio para la organización. Va mucho más allá, primero es organización colectiva para mostrar los mejores escenarios posibles a los jugadores resolutivos, luego es buena distancia entre líneas, compenetración defensiva y agresividad. El fútbol no deja de ser un deporte en el que la intensidad y las cualidades físicas son de crucial importancia.
Los peores momentos de la era Manzano están siempre relacionados con partidos en los cuales la
intensidad no pasó de la caseta al terreno de juego, donde la agresividad defensiva fue pobre, donde la salida al campo no tuvo un nivel de activación adecuado. Bajo el modelo que pretende instaurar el técnico de Jaén es necesario que el equipo sea mucho más equilibrado defensivamente-ahí está su principal caballo de batalla, sólo frente al Valencia dejó la portería cero si hablamos de partidos de competitividad real y sin tanta distancia competitiva entre el Sevilla y los rivales, dejando fuera del análisis el partido de Dortmund donde no podemos hablar demasiado de la mano de Gregorio en el equipo y de una victoria inmerecida-. Le cuesta mucho al Sevilla no encajar y le cuesta porque no tiene la intensidad defensiva necesaria.
Sobre este debate que queremos abrir con todos vosotros habrá muchas posturas. A nosotros nos gusta relacionar más las conclusiones a causas grupales que individuales. Si miramos a los jugadores principales que deben proponer la agresividad y la activación necesaria para competir, los mediocampistas, nos encontramos claramente que sus principales virtudes no pasan por ahí. Manzano está optando por Romaric, Renato y Cigarini como primeros espadas con el recurso Kanouté en las segundas partes en esas posiciones. Guarente estará k.o. mucho tiempo y Zokora no parece entrar en la visión del juego de Manzano.
Antes de entrar en la necesidad o no de fichar-esto todavía queda lejos y queda nada más y nada menos que resolver la fase de grupos de la Europa League, 5 o 6 jornadas de Liga, y una eliminatoria de Copa del Rey antes de la posibilidad de incorporar a algún efectivo- debe ser necesario resolver la situación con lo que hay. Nos preguntamos si no se puede mantener la intensidad que el equipo mostró ante Valencia, Atlético o Athletic-en fases de estos partidos-. ¿Por qué se vio una buena imagen global del equipo en esos partidos o en fases de ellos y esa cara tan diametralmente opuesta en otros?
La respuesta pasa siempre por el concepto grupal. Si falta agresividad y lectura defensiva de muchos jugadores en el plano individual en su repertorio de características futbolísticas, ¿no sería bueno trabajar en aumentar el rendimiento global del equipo en estos aspectos? Los problemas parecen atisbarse de mentalidad porque ha habido un cambio muy pronunciado de unos días a otros. Y más que abrir tan pronto el debate sobre la necesidad o no de nuevos fichajes, desde aquí creemos que la primera solución tiene que ser mejorar en la puesta en escena del equipo. Hay que trabajar en la solidaridad del equipo, en el orden defensivo, en la recuperación en posiciones adelantadas, en la agresividad, en la distancia entre líneas, en la salida del balón.
No es concebible que el equipo sólo trate de ganar a través de calidad, que tiene y mucha, es necesario y obligatorio que Manzano exija muchísimo más a todos los jugadores en la solidaridad con sus compañeros para formar un equipo de fútbol y no un conjunto de individualidades que se activa cuando el rival tiene caché. En la élite actual no se gana con la nula intensidad que vemos al Sevilla en los últimos partidos, así no se juega a nada, porque el fútbol no es defensa y ataque. Es un global donde la velocidad, agresividad y tensión defensiva se traducen invariablemente en esos aspectos en lo ofensivo.
Y a partir de ahí, pero como premisa primera la mejoría en actitud defensiva del equipo y la intensidad en el juego, podremos debatir sobre lo divino o sobre lo humano. Y entre esos temas, rendimiento de jugadores, necesidad o no de fichajes y equivocaciones del entrenador en la elección de los jugadores o de los planteamientos. Si seguimos andando sobre el campo ante rivales que salen tensionados, nada de lo anterior tiene importancia ni servirá de revulsivo.
La banda sonora la pone hoy el grupo The Verve, con su sinfonia agridulce, como la de este Sevilla, que sigue dándonos cal y arena.
http://www.youtube.com/watch?v=3GnWRjoP9mQ