EL SEVILLA DESPUÉS DE ALVES, EN BUSCA DE LA PROFUNDIDAD PERDIDA
En este momento pretendemos sentar unas bases sobre las que defender una política de fichajes que muchos han considerado un fiasco en los últimos tiempos. Se habla de una pérdida brutal de la calidad en la plantilla cuando el análisis profundo nos debería llevar a sacar otras conclusiones. Los fichajes encajaban antes de llegar a Sevilla dentro unos estándares básicos en su calidad técnico-táctica para desarrollar un modelo de juego muy definido, pero el fútbol es mucho más que técnica o táctica y uno de los valores de mayor peso, además del apartado físico, es el mental. Aquí si podríamos achacar a la secretaría técnica del Sevilla haber dejado de lado algunos aspectos importantes, como la capacidad de sufrimiento, la mentalidad, la agresividad y la competitividad dentro del grupo en las nuevas incorporaciones.
La dirección deportiva del Sevilla ha tenido muy claro cuál es el perfil de jugador que ha buscado en los últimos tiempos dentro del modelo de juego que ha ido llevando al crecimiento del equipo. Sobre ellos pesa la responsabilidad de no haber sido capaces de demostrar que su trabajo era bueno, sobre todo en cuanto a no buscar entrenadores que encajaran en el modelo de plantilla que ellos querían definir. El choque entre la propuesta de los entrenadores y los jugadores firmados ha sido importante.
Muchos de los que han llegado no han sabido competir con los que estaban-caso de Kerzhakov o Chevantón, jugadores que bien han perdido motivación o bien se han cargado de ansiedad-, a otros les ha faltado mentalidad, implicación dentro del grupo -como el caso de Arouna Koné, Romaric, Konko o Boulahrouz- y a otros las lesiones no les han dado tregua- como el propio Koné, Konko o Lautaro Acosta-. Mosquera fue el único que no mostró unas credenciales técnicas ni tácticas acorde a las necesidades de la plantilla.
Los entrenadores que se han sentado en el banquillo sevillista en los últimos tiempos no han sido capaces de hacer un Sevilla que tuviera unas señas de identidad claras. Siendo duros podemos llegar a decir que, tras la salida de Alves, el equipo de Nervión no ha sido capaz de encontrar una solución a su ausencia y desde ahí se ha convertido en un conjunto de individualidades muy deficiente tácticamente. Los jugadores también tienen su cuota de responsabilidad por no ser capaces de desarrollar en el campo aquello que se les transmitía desde el banquillo. Las señales en los últimos partidos de Jiménez y de Álvarez nos dejaban ver claramente que había una ruptura total entre entrenador y jugadores.
EL MEOLLO DE LA CUESTIÓN, LAS BASES TÁCTICAS
El fútbol tiene mil caminos, pero hay cuatro o cinco conceptos fundamentales que hacen que los equipos sean más o menos competitivos. Los pilares básicos para cualquier equipo son la solidez defensiva mediante la anulación de espacios al contrario y la generación y aprovechamiento de los espacios para llegar a la portería rival. Existen tantos caminos para alcanzar estos dos aspectos fundamentales como entrenadores. Esa elección define el modelo de juego y los movimientos de los jugadores para llevar a cabo ese modelo definen la estrategia o táctica.
En el aspecto ofensivo, aquellos equipos más trabajados tácticamente necesitan menos del talento individual para resolver las situaciones, y normalmente los que cuentan con una mayor calidad en sus jugadores también suelen ser los que propician las situaciones más ideales para que este aparezca. Para conseguir espacios lo importante es hacer grande el campo, propiciar que los jugadores rivales estén lo más separados posibles de la zona de influencia del juego. Ensanchar el campo implica generar amplitud mientras que hacerlo más largo implica profundidad.
Amplitud y profundidad. Profundidad y amplitud. Tan sencillo y tan difícil, a la vez. Estas son las dos búsquedas principales de todos los equipos en ataque, sea cual sea su disposición. Incluso aquellos que presumen de juego interior brillante necesitan la amplitud y generalmente cuentan con laterales ofensivos. El Rubin Kazan o el Hércules de Alicante han demostrado, en sus enfrentamientos contra el Barcelona y con matices diferentes, que se puede atacar y ser profundo desde el repliegue más intensivo, por tanto la cuestión no estriba sólo en jugar más o menos adelantado o en tener más o menos tiempo la pelota. Decíamos días atrás, ¿seguimos hablando de sistemas o hablamos de conceptos? Los sistemas son mucho menos importantes que los conceptos, y uno que brilla por su ausencia desde hace mucho tiempo en el Sevilla es el concepto de profundidad.
Daniel Alves fue la piedra angular del gran Sevilla de los títulos. Era un jugador único y diferente, su
peso era total en el equipo. No era un lateral, era un todo campista que tenía como posición de partida el lateral, ofreciendo amplitud y profundidad, tanto con balón como sin él. Es difícil que se vuelva a ver un Daniel Alves similar al que pasó por Sevilla, en Barcelona es un grandísimo lateral derecho, cada vez menos todo campista. Su rol es otro, llega más al espacio y por fuera, conduce menos, organiza menos y no tiene influencia en el desplazamiento en largo. El repertorio de Alves se ha reducido, siendo capital su aportación, pero no tan determinante como antaño.
Desde la salida de Daniel se aprecia cada vez más su influyente figura en lo que mostraba el equipo en los grandes momentos de gloria. La plantilla sevillista cuenta con extremos de alto nivel, jugadores que parten desde la cal, más laterales con capacidad para doblar al extremo. Problemas de amplitud no se atisban, los sevillanos saben hacer el campo grande a lo ancho, tienen argumentos para ello y los aprovechan. No de la mejor manera porque no siempre se consigue la profundidad por bandas, el juego al pie cada vez es más predominante, atacan menos los espacios porque cada vez tienen menos. Y el juego en posesión del Sevilla se traduce en una impotencia donde predominan los inofensivos pases horizontales, balón de lado a lado para que el extremo busque el 1 contra 2 o contra 3.
Al equipo de Nervión le cuesta mucho contactar con sus delanteros porque no consigue darle profundidad a su juego. La solución estándar que muchos proponen, y que hemos visto en muchas ocasiones últimamente, pasa por el 4-3-3 o el 4-2-3-1 con un mediocentro en la mediapunta. Nos falta profundidad y buscamos control del juego, el camino es el inverso si se quieren resolver los problemas. Sacamos del campo opciones de pase profundo para controlar más el juego y de esa forma nos hacemos más viscosos y pesados, nada fluidos. Hablábamos con anterioridad de la confección de la plantilla, desde la dirección deportiva se ha tenido claro esto y casi todos los fichajes son jugadores para hacer fútbol vertical y profundo, no para buscar el control del juego. Los nuevos entrenadores han querido encontrar un equilibrio defensivo a costa de perder en ese aspecto, mayor repliegue, mayor lejanía de los jugadores del área rival, pérdida de calidad en el contragolpe, demasiado fútbol control de posesión sin agresividad. Querían asentarse en una sensación de equilibrio defensivo que se ha visto falsa.
Los problemas de la dirección deportiva, los volvemos a repetir, no tienen tanto que ver con las características técnicas de los jugadores firmados. En defensa se buscaba un clon de Javi Navarro, un jugador agresivo, dominador del juego aéreo, con capacidad para hacer cobertura al lateral. Se probó con Boulahrouz para el papel de central-lateral, fiasco por falta de motivación y de encaje en el equipo. Después con Mosquera, jugador de velocidad, pero aquí si tenemos que decir que falto de la calidad y agresividad suficiente. Después llegó Squillaci y por último Cáceres, todos de perfil parecido, rápidos, agresivos, con juego aéreo y cobertura al lateral. Para el lateral derecho se buscó un hombre que diera amplitud y profundidad. Llega Konko, con déficits defensivos en una línea de 4 al llegar al lateral reconvertido desde la posición de interior en el Siena para jugar siempre en línea de 5 con el Genoa, pero mostrando antes de aterrizar en Sevilla que es un jugador de profundidad, velocidad y calidad en el centro. Las lesiones y su frialdad nos dejan a todos desorientados.
En mediocampo un equilibrador como Zokora, músculo, ayudas, agresividad, no un virtuoso táctico, pero todo recuperación, para apoyarlo con un jugador de salida de balón, desplazamiento en largo, que otorga profundidad con sus pases y que defensivamente aporta más en la presión adelantada que en la lectura táctica de coberturas y ayudas. La primera prueba, Romaric. Sus condiciones tácticas y técnicas eran esas, aunque ya conocemos su historia, su nivel de implicación ha sido muy bajo, su rendimiento oscuro. Este año dos jugadores de perfil parecido y con las cualidades anteriormente citadas, uno más elástico y el otro más musculoso. Tiberio Guarente no es un perro de presa y Luca Cigarini no es un mediapunta, aquí lo contamos y lo hicimos demostrándolo con muchas imágenes.
Y en ataque las opciones buscadas principales han sido Negredo -un delantero nato, de juego de espaldas y remate, con capacidad para trabajar y aguantar el balón, posible recambio de Kanouté con menor calidad- y dos delanteros de velocidad y ruptura, Chevantón y Koné. Ninguno dio el nivel esperado, pero si por algo destacaron antes de llegar a Sevilla fue por la cantidad de desmarques a la espalda de la defensa que tiraban para dar profundidad al equipo. Junto a ellos salió por la puerta de atrás Kerzhakov, ahora importante en el Zenit, haciendo goles, recuperando su mejor nivel y de nuevo en la selección rusa. Otro que no estuvo a la altura de las circunstancias y cuyo nivel de implicación no fue el deseado, pero otro con perfil de delantero de movilidad y desmarque de ruptura para dar profundidad.
Los errores está claro que están ahí. Pero se han hecho unos fichajes dentro de un modelo de juego definido, un modelo de verticalidad, agresivo en la presión, recuperación y transición rápida. Los entrenadores tenían otras ideas y estas no casaron con las ideas de la dirección deportiva. Choque de trenes donde del perjudicado ha sido el Sevilla, y más cuando en Agosto marcamos muy claramente cuál era la solución: “Volver a nuestras raíces”.
Con la llegada de Manzano, un entrenador inteligente, confiamos en ver un Sevilla muy diferente al actual y muy parecido al casi ya olvidado. La plantilla está confeccionada para eso, para un modelo de juego claro, todo lo que sea salir de ahí es contraproducente porque no da rendimiento. Ahora parece que la dirección deportiva ha seguido un camino lógico, ha firmado un entrenador que busca un estilo de juego acorde a la plantilla actual de la entidad. Anteriormente al no tener un entrenador y una plantilla que casaran bajo las mismas premisas el resultado ha sido claro, la bajada de competitividad del equipo. Nosotros no creemos que la vulgarización de la plantilla sea tan acusada como muchos promueven, si bien compartimos que ha bajado su nivel. El principal problema ha sido no ser capaces de volver a encontrar la profundidad en el juego tras la salida de Daniel Alves y en este sentido la dirección deportiva ha puesto de su parte. Se habrá equivocado en dotar a la plantilla de otras características, pero nunca de no haber puesto al servicio de los entrenadores jugadores que destaquen por ofrecer profundidad al juego.
POSTDATA: Este artículo lleva preparado desde el Miércoles de la semana pasada. No ha salido antes por cuestiones de calendario de la liga. La semana pasada fue muy intensa, con un artículo casi cada día. Ahora vienen dos semanas con menos cuestiones de las que hablar por el parón de las selecciones. Por eso decidimos posponerlo hasta ahora. Nada tienen que ver los resultados en ello. Como se puede observar no se hace referencia al partido disputado el domingo contra el Atlético de Madrid. Con ello queremos decir que nuestro análisis es previo a los partidos disputados por el Sevilla y no está condicionado por las dos victorias conseguidas en el comienzo de la era Manzano. Dicho queda esto para aquel que quiera ver en estas líneas un análisis ventajista a partir de los resultados que han llegado. Nada tienen que ver en ello, nuestra valoración sobre Gregorio no está condicionada por lo que hemos visto desde su vinculación al Sevilla. Desde aquí confiabamos y confiamos en que veremos un Sevilla muy diferente y las primeras muestras ya se observaron contra el Atlético de Madrid.
Hemos defendido en muchas ocasiones que no estamos de acuerdo con el proceso de demonización periodistica de la plantilla actual del equipo y desde aquí queriamos exponer nuestras ideas de manera mucho más clara y concisa, explicando el porque de nuestra visión.
La banda sonora hoy la pone Corona, con su éxito de los primero 90, "The rhythm of the night". Ese ritmo que estamos convencidos que volverá a encontrar el Sevilla F.C. como equipo. Y no el de la noche precisamente, sino el de su juego.
http://www.youtube.com/watch?v=3N7q4wFVEkI