Los boobies rosas de mi amiga Gotelé
¿Quién no tiene una amiga a la que apodaría Señorita Gotelé?
No es que Manuela esté demodé, ¡¡¡es que le pasa cada cosa!!!
Es mi vecina y mi amiga de corazón pero… ¡¡¡vive con boobies!!!

Yo le llamo boobies a las bolas de pelo y polvo que hay en todas las casas de Madrid –porque en otros sitios nunca las ha visto-.
No estoy llamando guarra a mi amiga Gotelé, porque los boobies aparecen cuando menos te lo esperas e incluso cuando acabas de limpiar en profundidad. Los boobies parecen tener vida propia y te miran desde el suelo en plan desafiante y como diciendo, je, je, je… no me vas a pillar.
Yo, estaba tan traumatizada por los boobies madrileños, que Micaela, la abuela de mi Juaki, en cuanto se enteró me compró una aspiradora de mano. Cada mañana, cogía mi nueva aspiradora, me agazapaba detrás de las puertas, me encorvaba o me deslizaba suavemente por el sofá hasta que veía un boobi y me lanzaba sin piedad hacia él como si fuera…. Bill Murray en Cazafantasmas.
Pues bien, mi amiga Gotelé tiene dos tipos de boobies; ¡¡¡los tradicionales y los de color de rosa!!! Ellos acampan a sus anchas y mi amiga Gotelé vive con ellos como si fueran parte de su familia. Os preguntaréis que de dónde salen los de color de rosa, ¿no? Pues de una alfombra preciosa que se acaba de comprar en Habitat. Se la han tenido que traer de Paris porque en Madrid estaban agotadas pero son como una fábrica de boobies. Esta noche tengo una cena en su casa.
¡¡¡Mañana os enseñaré una prueba fotográfica!!!
P.D.: ¿Alguien más tiene boobies en su casa?