Muchas gracias
En estos últimos tiempos, como me sobraba tiempo (irónicamente), aproveché también para sacarme el carnet de conducir. Poco tarde en sacar los dos exámenes y en comprarme un coche. Hoy he ido al cementerio donde está enterrado mi tio abuelo.
No soy amigo de ir a cementerios pero ésta era una ocasión especial. Le había prometido a mi abuelo ir a "visitar" en mi nuevo coche (en el que aún mi abuelo no habia subido) la tumba de mi tio abuelo.
Pensaba que no iba a haber mucha gente. En efecto, habia únicamente otras dos personas a las 15.00 de la tarde. El silencio era abrumador. Bajamos por una empinada cuesta dejando a la derecha las filas de tumbas que constituyen la necesaria ampliación del cementerio desde que mi tio abuelo murió. Mi abuelo miraba al frente e iba todo lo rápido que podía por su edad para mostrarme (como si no me acordase) dónde estaba la tumba de su hermano. Mirando hacia la izquierda veíamos un muro agujereado. No había cambiado, seguía ahi tal cual lo recordaba.
Al final de la cuesta, giramos hacia la izquierda. El silencio nos golpeaba. Donde antaño hubo gritos, exclamaciones, suplicas, lamentos y alaridos, ahora reinaba una extraordinaria placidez. Una fosa de unos 300 metros cuadrados estaba delante de nosotros. Cubierta de flores estaba la fosa común, una tumba en la que casi 1500 hombres y mujeres estaban enterrados sin caja ni nada, como animales, asesinados por la represión franquista por el único "delito" de la defensa de la libertad, la justicia y la república.
Sus nombres nos miraban desde lo que hace unos años era la otra parte del muro que veíamos cuando nos dirigiamos a la fosa. Las placas con sus nombres cubren los agujeros en el muro de las balas que los mataron. En la esquina encontramos el nombre de mi tio abuelo: ADOLFO DIAZ SUAREZ, 28 AÑOS. Murió fusilado el 27 de Septiembre de 1938.
Una bala como monumento monolítico preside desde el centro de la fosa común. Para no olvidar. Para tener memoria. Para proclamar, reconocer y condenar las atrocidades que se hicieron y rehabilitar a las víctimas de las mismas, para cerrar las heridas que los genocidas abrieron, para no olvidarnos de lo que no se puede ni se debe permitir hacer, necesitabamos una ley de memoria histórica. Gracias Zapatero. Muchas gracias.
No puedo ni entender ni respetar a los que se permiten el lujo de escupir a los muertos y mercadear con la sangre por mero interés político y económico: PP, AVT y la Iglesia.
Monsieur Galois