No nos dejan ser españoles
"Siempre tuvo esta patria esquiva y perra más símbolos que ideas. La historia, vetusta, del territorio nacional siempre ha sido prolija en guerras y pronunciamientos que, lejos de hacerse para conquistar el futuro, acaecieron por el irracional pavor al cambio que el hispano siempre ha mostrado. Los cambios históricos, sólo hay que leer la historia donde no ha puesto su bigotón el señor Moa, siempre han ocurrido al aire de la cerrazón y el empecinamiento de caudillos ridículos y visionarios líderes.
Más tarde la política dejó de ejercerse con los genitales, y los gobernantes del turnismo pusieron el seso al servicio del caciquismo y la corrupción: más o menos el fiel retrato de los ayuntamientos de hoy que perforan el suelo, no para encontrar la verdad de la historia, sino para prometer bienestar a base de abusivos aparcamientos subterráneos, como los de nuestro subsuelo matritense, cementerio del municipalismo y galería de rostro amable y derechizado.
Qué triste es esta historia nuestra, esta España que nunca nos apartó el cáliz de un Vallejo que vino con la tristeza de su Perú natal y recomendó, sabedor del futuro que nos aguardaba, que nos cuidásemos de la hoz sin martillo y del martillo sin hoz; que nos cuidásemos de la propia España. Tan perverso ha sido nuestro pasado que el sentimiento patriótico moderno es improbable en estos pagos. Hay quienes se cuelgan al hombro una banderita, repeinados, y debemos comulgar con que ellos fueron paisanos de los exiliados de la España peregrina, la patria que, Atlántico mediante, brilló mermada en letras e ideas.
No nos dejan que seamos españoles, pintan a quien no claudica ante Rajoy de traidor a la patria. Se les llena la boca - y la faltriquera - de españolismo y , en cuanto pueden, ponen el acento texano, los pies encima de la mesa en casa de Bush II "el Pacífico" e incluyen a Nixon en la lista de los Reyes Godos.
Queremos ser españoles sin que antiguas creencias vengan a imponer el pensamiento único de los cirios; sin que los obispos, con la promesa del Paraíso Eterno, propongan otra política de la que dicen las urnas o llamen a la sedición cuando la fotografía refleje la iconoclasia que siempre fue inherente al arte. No admiten provocación cuando la feligresía se les sale del redil y pasa por el filtro de la razón, y la guasa, los tótemes que durante toda la vida fueron intocables y sacrosantos.
Propongamos una nueva España de la razón y las luces. Una patria más allá del capote y la montera, de la unidad de destino y la luz de Trento. Confiemos en que la inocente portada de El Jueves no deba recurrir a lo icónico para encontrar la notoriedad pública: sería señal de que ya hemos dejado la Edad Media y, ahora, podamos aspirar a normalizarnos en Europa con las heridas de la historia cicatrizadas."
Fuente: elplural.com
No nos dejan ser españoles del brillante Jesus NIeto
Monsieur Galois