Que gobierne el PP por ley
La foto de la "extraordinaria" victoria popular del domingo 27 de Mayo fue una pantomima. Un intento de distracción ante la gran debacle en su poder municipal y local, pues era ese el objetivo de las elecciones, que para algo se llamaban municipales. Lo cual muestra que esta ventaja global en votos fue, más que un logro del PP, un desastre de los resultados del PSOE en Madrid y Valencia. A pesar de eso, el Partido Popular, mostraba una alegría desbordante. El que no se contenta es porque no quiere.
Como siempre en nuestro sistema político, afortunadamente alejado del bipartidismo, tras las elecciones empieza el ritual de apareamiento: los pactos post-electorales. Algo que, debido a la pérdida de poder y su prácticamente nula capacidad para buscar aliados, no soportan los populares.
El PP se mueve por impulsos. Mientras que en 1996, para subir al poder, pactos sin miramientos con el PNV, CiU y CC y en varias CCAA y municipios han buscado aliados para mantener su yugo sobre los ciudadanos, ahora que el Partido Socialista puede articular mayorías de progreso, debido al ascenso generalizado de la izquierda (que en el cómputo global que tanto congratuló al PP, superó en unos 2 millones de votos a la derecha), los pactos son ilegales, inmorales, mezquinos y una traición a los votantes, amén de una conspiración para arrebatarles el poder y desestructurar, romper y hundir España.
Pero cuidado, no pensemos mal. Si el PP pacta con nacionalismos, lo hace con nacionalismos moderados, que a saber que querrán decir con eso: "Tengo la convicción moral de que son independentistas, de que quieren romper España....pero moderadamente".
Rajoy pedía (suplicaba) "dejar gobernar" a la lista más votada: una propuesta con la que lograría mantener tanto Baleares como Navarra. Sin embargo, esa propuesta de perdedor va en contra de los intereses de los votantes, pues efectivamente una lista puede ser la más votada pero con un 40% de los votos. Eso implica ineludiblemente que el 60% no está de acuerdo, sobre todo, si unos de los porcentajes se refiere a la derecha y el resto a la izquierda, disgregada en diversos partidos.
Posteriormente, ha propuesto un umbral de mínimo porcentaje para que un partido pueda gobernar: un 30%. Un umbral que en la práctica totalidad de los casos sólo dejaría gobernar a los dos grandes partidos, en detrimento de los partidos minoritarios. Muchos partidos cuyos votantes, para el PP, no valen pues no son de los suyos y cuya opinión debe ser obviada.
Gaspar Llamazares se refirió a ésto recalcando que en democracia no se votan partidos, sino programas de gobierno. Las ideas más votadas ganan las elecciones y gobiernan, no los partidos más votados. Y si no hay mayoría absoluta aquellos partidos con coincidencias en su programa electoral están en su perfecto derecho de establezcer pactos estables de gobierno para poder desarrollar aquellos puntos coincidentes en sus programas.
Imaginemos que accede al gobierno la lista más votada, pero sin mayoría absoluta. La oposición, votando en bloque, suma más escaños que el partido de gobierno por lo que en esa legislatura la oposición tendría derecho de veto por la fuerza de sus votos lo que implicaría la paradójica situación de ser la oposición la que gobierna (como a nivel estatal intenta el PP).
Rajoy sabe que si no tiene mayoría absoluta, no podrá contar con nadie para pactar, lo cual se debe a la increíble capacidad de su partido para auto-marginarse y oponerse a todo por sistema. Lo que Rajoy pide es a todas luces antidemocrático, demagógico, y una estrategia de mal perdedor.
Mientras que durante la anterior legislatura, de mayoría absoluta del PP, no requirieron ninguna modificación de la ley electoral, ahora les entran las prisas y los sofocos. Quieren amoldar la ley a sus intereses partidistas... "El partido que puede gobernar será un partido con más del 30% de los votos, de derechas, heredero del franquismo y con las siglas PP". Ahi está, con un par. Que gobierne el PP en todos los sitios....por ley.
Monsieur Galois