George
Valentin es la estrella en el Hollywood de finales de los años
veinte. Él y su perrito forman un tándem irresistible y así
los testimonia el éxito de cada una de sus películas y las fans que
le acompañan en los estrenos. A la salida de uno de ellos, de forma
accidental conocerá a una chica, aspirante a actriz como luego
veremos, de la que queda prendado y lo mismo ella de él. No tarda
mucho para que sus caminos se crucen otra vez, esta vez ella como
figurante de la película protagonizada por Valentin. Entonces, surge
de nuevo la chispa pero él, que está casado, se limitará a darle
un consejo para su posible carrera como actriz. A partir de ese
momento, Peppy Miller empieza a destacar en las películas que va
haciendo, pasando de simple figurante a actriz secundaria y luego
principal, aprovechando la llegada del cine sonoro. La carrera de
Valentin, en cambio, comienza a acabarse precisamente por el mismo
motivo y porque no es capaz de asimilar que los tiempos están
cambiando en el cine. Peppy, ahora estrella indiscutible, intenta
estar siempre pendiente del hombre al que ama, que se ha sumergido en
una espiral de autodestrucción de la que parece no querer salir pese
a los intentos de su amor, de sus amigos o de su pequeño compañero
canino...
The
artist va a ser probablemente la película del año y la que
se llevará el Oscar en esta categoría y yo me alegraré porque la
verdad es que me ha gustado bastante, aunque con ciertos altibajos.
Todo lo que en un principio podía parecer que es una locura en esta
película, a las alturas de siglo XXI en el que estamos, le va a
favorecer mucho en cualquier entrega de premios en la que nos la
encontremos: es muda, sí, pero eso permite que se luzca mucho la
banda sonora (a pesar de todo, yo prefiero a John Williams y Caballo
de batalla porque la de The artist siempre termina
recordando a alguna otra) y que los actores y actrices pueden pasarse
“tres pueblos” porque lo vamos a entender como parte del
espectáculo. La verdad es que esto no sucede porque están bastante
contenidos para lo que podía haber sido, aunque creo que Jean
Dujerdin se va a llevar el Oscar por guapo. Bueno, algo más tendrá
el hombre, pero lo cierto es que en The artist llena
la pantalla con su sonrisa y con su aspecto de galán clásico a lo
Douglas Fairbanks. Y luego está todo el tema de diseño de vestuario
o la ambientación, peluquería, maquillaje, etc., estupendo todo y a
lo que le viene de perlas el blanco y negro.

Tengo
que reconocer que me ha gustado la película, pero también que
espero que no se ponga de moda el cine mudo. A ratos resulta un poco
aburrido que nadie hable y tanta música. Es verdad que en
determinados argumentos no está mal la solución y algunas veces
para lo que hay que oír más valía que fueran mudas, pero es que
una se ha acostumbrado ya al sonido: después de más de ochenta años
funcionando, no nos ha ido mal. Eso sí, muy recomendable The
artist:
ejemplar en todos los aspectos técnicos, a pesar de su duración, no
se hace excesivamente pesada y terminas saliendo del cine con ganas
de bailar... o si no, de adoptar un Jack Russell Terrier.
Lo
mejor: La imponente sonrisa de Jean Dujerdin y Uggie, un perrito
encantador. Me ha gustado también John Goodman, que parece que ha
nacido para hacer el papel de productor de cine mudo.
Lo
peor: algunos momentos algo reiterativos que hacen un poco pesada la
película; si se hubiesen eliminado, The artist
hubiese
durado diez o quince minutos menos y sería la película
perfecta.
Valoración:
7,5 sobre 10.