LIBROS: A MI HIJA MARIE, de Nadine Trintignant

En julio de 2003, cultura y sucesos se confundían trágicamente en la noticia de la muerte de la actriz francesa Marie Trintignant, después de no haber superado el estado de coma profundo en el que se encontraba debido a la paliza que le dio el que en aquel momento era su compañero sentimental, el cantante Bertrand Cantat. Si alguien recuerda la noticia, recordará también a la madre de Marie, Nadine Trintignant, que era la directora de la película que estaban rodando en Lituania, siempre presente: en el hospital lituano, intentando ocultar el magullado rostro de su hija en el traslado a Francia y también en el juicio contra Cantat, junto con su hijo y su nieto.
Al morir su hija, Nadine Trintignant decidió expresar sus sentimientos a través de este libro, A mi hija Marie, que a modo de carta abierta recoge algunos de los momentos más importantes de la vida de Marie (como el nacimiento de sus cuatro hijos), que nos muestran la personalidad de la actriz, una mujer buena y llena de amor para todos los que la conocían. Pero también está presente el estupor por no haber sabido interpretar el cambio que se había producido en su hija desde que había conocido a Cantat. Los síntomas eran claros: el retraimiento en sí misma de una persona antes abierta y alegre, el progresivo alejamiento respecto a la familia y amigos, el temor a las escenas de amor en su última película, incluso la búsqueda de un vestuario que cubriera lo más posible su cuerpo...
A Nadine Trintignant le atormentaba pensar en el dolor de su hija, la soledad del instante final y no haber presentido el sufrimiento de Marie durante una pelea que duró una hora, que los vecinos oyeron pero que nadie hizo nada. Lo más horrible del caso es que después de golpearla hasta provocarle el coma, Cantat la acostó en la cama, le echó una manta, le puso una toalla para ocultar los golpes en la cara y se colgó del teléfono durante cuatro horas, una de las cuales fue para llamar al que aún era marido de Marie y quejarse de que todos estaban contra él. Por desgracia, esas cuatro horas se revelaron fundamentales para su supervivencia ya que, en vista de su situación, sólo podía haber tenido alguna oportunidad si se le hubiera tratado inmediatamente.
A mi hija Marie es un libro muy recomendable y por muchas razones. Entre otras, porque es un testimonio necesario contra los malos tratos que nos demuestra que estamos ante un problema de toda la sociedad. Aquí no se trata de gente acuciada por la pobreza o la incultura, que tampoco en ningún caso justificaría todo este dolor y muerte. No. Estamos hablando de una elite cultural y social, abierta, comprometida y progresista. Y es por ello que se necesita la implicación de todo el mundo en el deber de acabar con esta situación. Y ya está bien de justificaciones ridículas, porque Marie Trintignat, madre de cuatro hijos, está muerta. Bertrand Cantat, asesino, no ha estado ni cuatro años en la cárcel y, además, sus “amigos” le organizan fiestas para que no se deprima el pobre.