Lo previsto... o casi!
Está cerca el momento de poder comprobar si las previsiones de unos y otros iban por buen camino. De vuelta de Mauritania, donde compartí con la caravana del Dakar el final de la etapa Zouerat-Atar, la jornada de descanso completa y la salida del sector cronometrado Atar-Tichit, tengo la convicción de que las teorías previas de Carlos Sainz no eran descabelladas. Él era el primero en no dar nada por garantizado, pero jugó sus bazas más que bien. Este podía haber sido su año, así que con paciencia y en esta línea de trabajo, los frutos llegarán.
El Dakar encara su recta final con dos Mitsubishi instalados en las dos primeras posiciones. No parece que la carrera vaya a escaparse de las manos de Stéphane Peterhansel y Jean Paul Cottret, aunque ellos mejor que nadie saben que en esta competición nada puede –ni debe– darse por garantizado hasta que no se alcanza la meta. Lo fácil sería ahora pensar en que Mitsubishi debería establecer ya unas órdenes de equipo que llevaran a Luc Alphand y Gilles Picard a conformarse con la segunda plaza y escoltar a sus compañeros hasta el Lago Rosa. Pero aún es pronto. Ayer, sin ir más lejos, Peterhansel estuvo un rato perdido y aún hay tiempo para que una situación así se vuelva a dar. Si a Alphand le mandan “someterse” podrían llegar a perderlo todo, así que ninguno de los dos puede bajar la guardia.
Tuve el privilegio de compartir con Sainz un par de jornadas en el campamento de Atar, con motivo de la jornada de descanso. Todo iba muy bien allí y reinaba el optimismo; moderado, pero optimismo al fin y al cabo. Dos días después, la carrera cambió como de la noche al día y, como escribí en Autopista, el castigo de Mauritania cayó sobre las cabezas de algunos con gran virulencia. En Volkswagen se cebó especialmente, vapuleando primero a Sainz y luego a Giniel De Villiers. A Carlos lo despedí en la salida de la especial Atar-Tichit, con gran preocupación porque en el enlace previo la dirección asistida de su coche ya daba malas señales. Al final, ese elemento terminó rompiéndose y un problema de motor, como ya se ha ido reflejando en este blog, acabó por arruinar su carrera al día siguiente.
Pero lo que ha quedado claro con el paso de los días es que Sainz es un piloto mucho más preparado que el año pasado para enfrentarse al Dakar con opciones tangibles de victoria. Sin los problemas mecánicos, de hecho, ahí hubiera estado. Me contó que arrancó en Portugal dispuesto a abrir una pequeña brecha que “reventara” la carrera en la medida de lo posible. Sabía que Mauritania sería un reto difícil de superar, pero quiso que sus rivales tuvieran que forzar aún más allí para recortar su ventaja. Con que todo fuera regular en ese terreno, la sabana de Mali y Senegal volvían a ser un territorio en el que la capacidad de rodar deprisa se imponía. Y Sainz, aun sin reconocerlo explícitamente, tenía claro que allí estaría su oportunidad.
Me habló muy bien de su copiloto, Michel Perin. Su experiencia ha resultado vital y ha permitido que Sainz haya dado la cara en muchas etapas, aun saliendo delante. Y el equipo Volkswagen es una formación mucho mejor organizada y con más medios que el año pasado. Quedan detalles por mejorar, como dotar al coche de una mayor facilidad para su asistencia (en Mitsubishi cambian un embrague en 15’, algo impensable en el Race Touareg 2). Pero Sainz y Volkswagen están en el camino bueno. Si su asociación se renueva para la próxima edición, su candidatura a la victoria aún más sólida.
Fernando Albes
falbes@mpib.es