La ley del desierto
“El Dakar empieza hoy” es lo que más recuerdan los expertos a los novatos cuando llega la primera etapa en Mauritania, la que se ha celebrado en esta jornada. Efectivamente,
los días anteriores son una especie de ensayo general para éste, con interminables
dunas que esconden trampas, en ocasiones, insalvables.
Uno de los novatos este año era Albert Llovera. El andorrano, encuadrado en el equipo Isuzu, llegó a la carrera africana con ganas y mucha ilusión, la que desborda en cada nuevo reto que se le presenta. Para Llovera, en silla de ruedas desde los 18 años, no hay nada imposible, por eso estaba deseando afrontar las especiales más duras.
Sin embargo, su vehículo quedó herido de muerte antes de llegar a Ouarzazate, aún en territorio marroquí. Problemas en la transmisión provocaron que Albert apareciera en el campamento de madrugada y, casi sin tiempo para descansar, realizó la siguiente jornada. No tenía tracción trasera, pero esperaba arreglarla en Tan Tan, antes de pasar a Mauritania, donde no contar con un coche en perfectas condiciones era poco aconsejable. A pesar de sus problemas, no perdía la sonrisa que siempre le acompaña.
Pero el desierto no tiene compasión y siempre impone su ley. De nada sirvió el optimismo de Albert, muy motivado. Tras completar la especial en el tiempo previsto, el enlace se convirtió en un calvario, retrasando de nuevo la llegada de Llovera al campamento. Debía tomar la salida a las siete de la mañana y los mecánicos se quedaban sin tiempo para reparar el problema del diferencial… Fue una decisión dura, difícil, pero Albert tuvo que abandonar. “Me sabe muy mal, porque me veía con fuerzas para seguir adelante. Pero me quedo con lo positivo, con la experiencia vivida”, ha asegurado este luchador. Desde luego, ya ha anunciado su intención de estar en el próximo Dakar. Un piloto más ha sido infectado por el virus de África, que engancha para siempre.
Noemí Alonso