Cirugías desastrosas
Seguro que os habéis dado cuenta, pero cada vez hay mas famosos adictos al bisturí. Todos empiezan con la cirugía estética por aquello de estar más guapos, mantenerse jóvenes eternamente... pero son muchos los que terminan hechos un cuadro.
El último susto me lo he llevado con Mickey Rourke. El actor se ha paseado por el festival de Venecia con su perrito debajo del brazo y una cara que daba pena. No queda ni la sombra del sexy cañón que puso nerviosa allá por los noventa a Kim Bassinger y a miles de mujeres en todo el mundo. Deformado, hinchado, acartonado... El pobre se ha convertido en su propia caricatura, y no ha sido el único.
Meg Ryan, que también acaba de estrenar película, luce una carita más propia del joker de Batman que de una musa de la comedia romántica. La actriz se ha inyectado botox hasta el infinito y más allá, y lo ha rematado con un lifting que da ganas de gritar. Una pena.
Sylvester Stallone es otro de los que no aceptan el paso de los años. Para seguir interpretando a Rambo se ha estirado la cara hasta quedarse casi irreconocible. De paso, se ha inyectado algún producto en los morros, y se ha inmovilizado las cejas por obra y gracia del botox. Un desastre.
¿Y qué me decís de Courtney Love?. En sus años locos tuvo mejor pinta que ahora. La viuda de Kurt Cobain se ha hecho clienta habitual de los peores cirujanos de Los Angeles, y el resultado salta a la vista. Labios desproporcionados, pómulos como pelotas de ping pong y cara permanente de susto.
Estaréis de acuerdo conmigo en que hay veces que sí, que la arruga es bella...