Lo que no sabéis de la fiesta de Prada
Perdón por el retraso. Os lo quería haber contado ayer, pero la resaca de glamour, lujo y champán me ha durado un día enterito. Fuí una de las invitadas a la fiesta de Prada en Valencia, y lo ví todo, todo, todo... Ya en el avión me tocó: a un lado,
Nacho Duato, que no se quitó las gafas de sol en todo el viaje, detrás,
Loles León, mucho más modosita y más delgada en la vida real, y delante,
Rosauro (ese niño pijo sevillano de los de-toda-la-vida), el ex de Eugenia Martínez de Irujo, que no paró de darse el palo con su novia (un clon de Ariadne Artiles) durante los cuarenta minutos que dura el vuelo. Pelín baboso. Pero sigamos.
La fiesta empezaba a las 21.30, y justo a esa hora (porque no vamos a llegar los primeros, que es una vulgaridad), tenía un coche de Prada en la puerta de mi hotel de lujo para ir al Mercado Central. ¿Y cuál es mi primera sorpresa de la noche?
¡Queridas, compartí coche con el mismísimo Míster Mundo, Juan Postigo!. Para las incrédulas, os he puesto una foto en la que Juan me sonríe desde su asiento. Por cierto, además de guapo, tiene una gracia malagueña que desarma a cualquiera...

Ya en el mercado, compartí zona vip con todos los famosos. Había dos: una internacional, donde estaban Demi, Ashton y Chloe Sevigny, y otra nacional, en la que disfrutaron de la noche las celebrities patrias...y yo. No penséis que ahí entraba cualquiera,
no sabéis los esfuerzos en vano de famosillos como Alvaro de Marichalar por acceder a esta zona privilegiada, y las cara de los gorilas-porteros, que le miraban diciendo: "Chato, no sé quién eres."Ja.¿Queréis saber quién fué la famosa más sola y aburrida de la noche? La pobre
Eugenia Martínez de Irujo. Llegó tarde, y fué la única famosa que no se dignó ni a posar para la prensa. Entró como si alguien la persiguiera, y se pasó toda la noche sentadita en un sillón, con cara de póker y charlando con una amiga. Mucho me temo que su careto tenía algo que ver con la ausencia de Gonzalito. Peor para ella, porque por no pasear un poquito por el recinto, se perdió maravillas como estos
tres chulazos italianos (en la foto) que desde un puesto de pescado, servían cócteles riquísimos con la mejor de sus sonrisas.
Y si Eugenia hubiera seguido hasta la zona vip internacional, habría podido mirar y admirar de cerca al marido de Demi. ¡Queridas, está mucho mejor al natural!. Eso sí, reconozco que sólo tiene ojos para su Demi. Yo venga a pasearme con mi hombro al aire y mis tacones dorados delante de sus narices, y nada. Un fracaso.
Así que visto lo visto, me dediqué a atiborrarme con la tortilla desestructurada de Ferrán Adriá, y con el arroz negro de Paco Roncero (por cierto, un encanto).
Casi igual que Vicky Martín Berrocal, que haciendo honor a su mote de "la Sofía Loren española" (¿quién le ha engañado?), se puso hasta las patas.