He tocado a Darek
Me lo imaginaba rubio, alto, con profundos ojos azules, cuerpo de infarto, y sonrisa arrebatadora, pero siento deciros que Darek...¡¡es mucho mejor!! 
Si, queridas,
he estado con Darek, he hablado con Darek, he compartido mi tiempo con Darek, he sonreído a Darek (y él me ha sonreído a mi), incluso he tocado a Darek, y aún estoy en estado de shock. Ahora lo entiendo todo. Ahora entiendo esa carita de boba que no se le ha ido a Anita desde que empezó a salir con él; ahora entiendo que a la Obregón le dé exactamente igual lo que piensen sus papis sobre el muchacho; y ahora entiendo que la cincuentona más sexy del panorama rosa se ponga el mundo por montera y pasee a este pedazo de cañón allá por dónde vá.
Chicas, el polaco gana mucho en las distancias cortas. Os lo juro. Es impresionante, y para más inri, es todo amabilidad. Vamos, una miradita azul de las suyas, y una cae rendidita a sus pies.
Darek ha desfilado en la Pasarela Cibeles para Francis Montesinos, y pese a sus detractores, tengo que decir que lo ha hecho estupendamente.
¿Queréis saber cómo ha sido mi conversación con el novio de la Obregón? Darek me ha contado, con su vozarrón de tipo duro y mirándome a los ojos, que le encanta España, que está súper enamorado de su Ana, que lleva fatal el acoso de la prensa, que le duele mucho que se le critique sin conocerlo, y que no era, ni mucho menos, la primera vez que desfilaba, aunque ha reconocido que estaba un poco nervioso (cosa que saltaba a la vista, porque el pobre no paraba de sudar). Es mas, trabaja habitualmente como modelo con una agencia en Francia, y acaba de llegar de Italia, donde ha protagonizado un catálogo de moda. Lo único que no me ha querido decir es su edad, así que seguiremos pensando que tiene 26 hermosas primaveras.

Los modelitos que ha lucido eran sólo aptos para cuerpazos como el suyo: pantalón de punto apretadito tipo pijama a rayas rojas, chaquetón de lana abierto mostrando el torso sin pudor, y esmoking entallado en terciopelo negro.
No me extraña que Ana babeara sin disimulo desde la primera fila. Seguro que ni ella se ha acostumbrado a tener semejante chulazo entre sus sábanas.