Mi Paris es un monumento más

Se veía venir. La fama de mi adorada
Paris Hilton es ilimitada, mundial, universal, y claro, ha pasado lo inevitable.
Ahora, los viajes a Los Angeles ya no tienen su excursión estrella por Rodeo Drive (la famosa avenida donde Julia Roberts arrasó con la Visa de Gere en Pretty Woman), si no que
, el monumento mas visitado por aquellos que pasan unos días de turismo por la ciudad es la mansión de mi Paris. Si, como lo leéis, ni las casas de los actores, ni las tiendas de lujo, ni nada de nada. Lo último en visitas guiadas en L.A. es la casita de la rica heredera mas famosa del mundo. Muy fuerte.
De todo esto se percató la visitada cuando regresó de Sydney hace unos días después de pasar allí la nochevieja. La pobrecita llegaba hecha polvo, cargadita de maletas con sus últimas adquisiciones, y sin ganas de hablar con nadie, pero se encontró con que en su puerta le esperaba un grupo de exaltadas que había pagado unos cuantos dólares para que las llevaran hasta allí.
¿Cuál fué la reacción de mi Paris?Pues habéis acertado. Mi Paris es una estrella que sabe que se debe a sus fans, y se portó como la profesional que es:
repartió besos, sonrisas, mohínes, caíditas de ojos y posados a todas las que se lo pidieron. De ella debería aprender más de una.
Si es que al final todos somos iguales, y nos gusta que nos quieran, nos mimen y nos admiren. Y si no que se lo digan a la chica-de-moda
Scarlett Johansson, que está encantada con su último título. Ella, tan intelectual, tan de cine independiente, tan musa de Woody Allen...
está encantada con ser la propietaria de los mejores senos, vamos, que tiene las mejores tetas del cine.

Y no lo digo yo, que también, si no la revista
In Touch Weekly, que ha decidido después de mucho deliberar y de barajar posibilidades como Salma Hayek y Catherine Z Jones, que Johansson era la mas adecuada para llevar la banda de Miss Mejores Senos.
Y digo yo, ¿habrá tenido esto algo que ver para que
Justin Timberlake abandonara definitivamente a Cameron Díaz y se arrojara a los pechos, perdón, a los brazos de esta Marilyn del siglo XXVI?