Impotencia ante la DGT

Publicado 29 diciembre 08 01:21 | contravolante 

La ilusión de un niño, cuando piensa en lo que quiere ser de mayor, suele orientarse hacia fantasías que pocas veces se convierten en realidad. Pocos se convierten en un Fernando Torres, en un Pau Gasol o, incluso más difícil, en un Rafa Nadal o un Fernando Alonso. Digo más difícil porque, al contrario que los primeros, que juegan en equipo, Nadal y Alonso practican deportes en los que sólo se destaca el número uno. Si no llegas a ese escalón, no vales. Que le pregunten a Felipe Massa. Y, a veces, ni así. Que le pregunten a Lewis Hamilton.

De lo que podemos estar seguros, sin embargo, es de que no hay en la tierra un solo niño que aspire a ser, algún día, el jefe designado a dedo de la Dirección General de Tráfico. Y ojalá lo hubiera, porque de la vocación cabría esperar, por lo menos, una actitud más orientada a ayudar a los conductores que la mostrada por el inquisidor Pere Navarro.

Desde su llegada al cargo, este señor se ha distinguido por coartar libertades en nombre de la reducción de víctimas en la carretera. Carné por puntos, endurecimiento de sanciones o persecución a diestro y siniestro de la velocidad han sido sus aportaciones más celebradas por él y por los que le colocaron donde está. Bueno, también están los controles de alcoholemia y de uso del móvil, concentrados sobre todo en campañas esporádicas y poco rentables.

El resultado más publicitado por el Gobierno ha sido una reducción drástica de la siniestralidad. El menos publicitado es el incremento de ingresos a través de la recaudación por multas, que se espera que el año que viene alcance los 416 millones de euros, más del doble de lo que se ingresaba antes de la llegada el carné por puntos. Seguro que con ese dinerito fulminan de golpe todos los puntos negros de la red.

Pero, ¿de dónde van a sacar el dinero? Si los conductores cada vez estamos más pendientes de los radares (no de la velocidad) y, con la crisis, estamos haciendo muchos menos kilómetros con nuestros coches, la solución es bien sencilla: más radares en lugares donde no se esperen y nada de márgenes de error. En autopista, a 121 km/h, foto al canto.

A veces pienso que los que se meten a políticos, cuando son jóvenes, están en ello porque realmente quieren mejorar las cosas. Sin embargo, a medida que se apoltronan en sus butacas de funcionarios privilegiados, las motivaciones de muchos de ellos (¿hay alguno que se libre?) se corrompen y olvidan que un día también fueron ciudadanos. Así, igual que un asalariado por cuenta ajena tiende a pensar que merece cobrar más, ellos son incapaces de gestionar adecuadamente el dinero de los impuestos que ya pagamos, y buscan la forma de obtener más ingresos. Olvidan, sin embargo, que no lo hacen a costa de su propio esfuerzo, sino del sacrificio de los demás.

Y mientras tanto, uno asiste impotente a esta sucesión de atropellos. Es como si quejarse no sirviera de nada. Porque, llegados a este punto, no sirve siquiera para desahogarse.

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