¿Coches peligrosos o conductores peligrosos?
Cuando uno era niño en los 80 y escuchaba las conversaciones de los mayores, descubría que los coches que más le gustaban eran ataúdes sobre ruedas. Los Fiesta XR2 o 205 GTi eran coches demasiado ligeros para su potencia y era normal que la gente se matara con ellos. Eso no podía pasar con los Volvo o los Mercedes.
Más adelante, ese niño empezaba a gastarse la paga semanal en revistas del motor con las que, aparte de descubrir palabrejas como subviraje o "fading", encontraba argumentos para convencerse de que los pequeños GTI, herederos del primer Golf, eran los coches más seguros.
Hoy, en cambio, se podría decir que cada uno, a su manera, decían parte de verdad y parte de mentira.
Durante muchos años Volvo se distinguía de la competencia usando la seguridad como argumento. La estructura de sus vehículos era muy rígida, de modo que en caso de accidente los ocupantes quedaban protegidos. Pero también eran coches con una suspensión de tarados más bien suaves que primaban el confort más que el comportamiento; su dirección, además, estaba tan asistida que apenas transmitía lo que sucedía en el asfalto. Eran, por tanto, coches que digerían mal una conducción dinámica.
El 205 GTi era una de las referencias en prestaciones y comportamiento. Un buen chasis, un motor potente y unos frenos en consonancia le hacían divertidísimo en tramos de curvas y su límite estaba muy alto. Y precisamente en su mayor virtud radicaba su mayor defecto, porque para exprimirlo al máximo había que disponer de un bagaje al volante del que no todo el mundo podía presumir.
Ambos conceptos eran seguros, pero lo eran de formas muy diferentes. El saber popular hablaba del peso como prueba de seguridad; las publicaciones, en cambio, se amparaban en la ligereza para justificar las elevadas prestaciones de los GTI utilitarios. Y ninguno mentía, pero todos faltaban a la verdad. Porque en caso de una emergencia, las inercias generadas por tanta masa como tenían los Volvo podían hacer incontrolable el coche (Con los agravantes de la configuración del bastidor que he comentado antes). Y un 205 GTi tenía el límite tan alto que la línea entre pasárselo o no era demasiado estrecha para la mayoría.
Hoy los SUV tienen la imagen de robustez que antaño pertenecía casi en exclusiva a los Volvo, sólo que además son más altos (O sea, mucho peso y un centro de gravedad muy elevado). Por ello la sensación (falsa) de seguridad que transmite convence a tantas personas.
Los pequeños deportivos actuales disponen de casi todos los dispositivos de seguridad activa y pasiva que hasta hace poco eran elementos "de lujo". ABS y ESP por si uno se equivoca un poco y cuatro o más airbags por si se equivoca mucho...
Así que es posible que se pueda considerar tan peligroso a alguien que conduce pensando que está a salvo desde la altura de su Touareg como a aquél que lleva su Clio Sport al límite bajando un puerto de montaña.