A vueltas con la seguridad y II
La mayoría de los fabricantes de coches han diversificado su oferta hasta límites insospechados hace pocos años. Berlinas con forma de monovolumen, monovolúmenes con apariencia de todo-terrenos y todo-terrenos que circulan mejor por el asfalto que por el campo pueblan los catálogos de los concesionarios. Lo que sea, con tal de satisfacer las necesidades de los clientes potenciales. Sin embargo, todos estos avances tienen un coste que pagar. En realidad coste hay más de uno, pero la contrapartida que viene a cuento en este post es la de que con tanto automóvil que parece lo que no es, uno puede acabar creyendo que conduce un deportivo de 7 plazas y más de 2.000 kilos.
Los coches de hoy en día son más grandes y pesados que los de antes. Lo son los que sustituyen a los antiguos y también los que nacen de la nada, como la mayoría de monovolúmenes compactos o los SUV. Éstos últimos son el mejor ejemplo lo que un coche aparenta ser (Un todo-terreno) y lo que en realidad es (Un vehículo con centro de de gravedad alto adaptado como buenamente se ha podido para circular sobre todo por asfalto).
Un vehículo en buenas condiciones no es peligroso por sí mismo; lo que lo convierte en más o menos peligroso es la persona que lo conduce. Si esta persona no es consciente de que la máquina que tiene entre manos tiene unas características determinadas y está sometido a unas leyes físicas, la historia tiene un mal comienzo y su final es poco halagüeño. Un Porsche Cayenne Turbo, por ejemplo, tiene una potencia de 500 CV y la práctica totalidad de los sistemas de seguridad electrónicos disponibles en el mercado para domarlos. Eso significa que sufrir un accidente con él es extremadamente difícil. Sin embargo su velocidad máxima de paso por curva sólo está al alcance de los más expertos conductores ya que hay que tener muy presente que sus más de 2.400 kilos son muy amigos de salir todos juntos fiesta con cada golpe de volante. Y las posibilidades de atarlos en corto se reducen de forma inversamente proporcional a su capacidad para circular a velocidades de vértigo.
Es cierto que el del Cayenne es un caso extremo y, de hecho, es probablemente el SUV con el que uno corre menos riesgo del mundo, incluso siendo un cafre. Pero existen en el mercado muchos modelos que ofrecen esa misma apariencia de todo-terreno sin serlo y que, aunque su comportamiento y frenada sean mucho mejores que los 4x4 de antaño, siguen estando lejos de lo que serían las berlinas "equivalentes".
En definitiva, es una obviedad decir que los coches de hoy en día son mejores que los de hace unos años, sobre todo en materia de seguridad. Ahora bien, la pregunta que se me plantea es la siguiente: ¿Estamos a la misma altura que los coches de ahora, o éstos cada vez enmascaran mejor nuestras carencias como conductores?