Un día en un curso de conducción
Tengo la impresión de que cuando le hablas a la gente de un curso de conducción, los prejuicios actúan mucho antes de que te dé tiempo de acabar de explicarles en qué consisten realmente.
He identificado dos facciones: la del tipo "macho-machote", conductor con tantos millones de años y kilómetros de experiencia que es imposible que nadie le pueda enseñar nada ya y, por otra parte, la compuesta por los que se imaginan derrapando y haciendo cabriolas durante todo el día como si estuvieran en unos autos de choque, pero con coches de verdad y que además no son suyos.
Pues bien, tanto a unos como a los otros he de decirles que están completamente equivocados. En un curso de conducción, aunque parezca de perogrullo, lo que te enseñan es a conducir mejor. Pensar que uno ya sabe lo suficiente es como creer que Einstein no habría necesitado ir nunca a la universidad (Por cierto, en el cole era malo en matemáticas). Y para los que sueñan con hacer trompos y hacer el cafre, no es precisamente un curso de conducción lo que les hace falta.
Las escuelas que imparten estos cursos suelen escalonarlos en varios niveles. En el primero se suele partir de conceptos que, de tan básicos, suelen estar olvidados. Hablo de adoptar una correcta postura de conducción y de coger correctamente el volante.
A partir de aquí, las cosas que se aprenden ya no son tan básicas y por mi experiencia puedo decir que, antes de enseñarte nada, te hacen ser consciente de tu nivel real como conductor. En los ejercicios de frenada, por ejemplo, te ponen en una situación límite -aunque controlada, por supuesto- y muchos de los alumnos se salen del circuito en los dos primeros intentos (Algunos, hasta en el tercero). Con ello te demuestran lo mucho que le queda a uno por aprender y creo que es una cura de humildad imprescindible si se quiere sacar verdadero provecho del curso.
Una vez aprendida la lección de la humildad, empieza el curso en serio y te enseñan a realizar frenadas de emergencia (con y sin ABS). También se muestra el comportamiento del coche en función de su equipamiento de seguridad, dado que la reacción del conductor ha de ser diferente en función de si lleva control de tracción o ESP o no los lleva. Creo que esto no está al alcance del comercial que nos vende el coche.
Aprendido esto, ya estamos preparados para asumir la lección del contravolante. Se trata de tomar consciencia de las inercias del vehículo y de saber cual va a ser su reacción en unas situaciones u otras. Como siempre, hay que ser consciente de que si conducimos un tracción delantera tu tendencia al límite será una bien distinta de la de un tracción trasera o tracción total. Sea como fuere, si las ruedas traseras tratan de adelantar a las delanteras, en el curso te enseñarán a dominar el gesto intuitivo de girar el volante en el sentido contrario a la curva.
Otra de las cosas que se le pueden enseñar a un conductor es a conocer y trazar los diferentes tipos de curvas. Frenar hasta llegar, girar con suavidad, esperar, acelerar con suavidad mientras se deshace el giro y acelerar hasta alcanzar de nuevo la velocidad de crucero. Curvas abiertas, cerradas, abiertas que se cierran, cerradas que se abren, enlazadas, etc., etc., etc.
En definitiva, casi todo lo que te enseñan en un curso de conducción proviene del sentido común, el menos común de los sentidos, aunque todos creamos tener el suficiente.
¿No tendrían que ser obligatorios estos cursos?