¿Nadie lo vio venir?
Este fin de semana ha habido fallecidos en las carreteras, como siempre. Ahora llevamos un tiempo en el que a través de los medios de comunicación se está llevando a cabo toda una campaña para concienciar a los conductores para que adopten una actitud de prudencia extrema cuando están al volante, así que hay que alegrarse por ello.
Sin embargo, me ha llamado la atención la noticia que, precisamente este fin de semana, ha invadido los informativos de por lo menos dos emisoras de televisión. Dos chavales han muerto en Betanzos. Su coche se estrelló después de que su conductor, hijo del alcalde de una población vecina, perdiera el control del vehículo (un Peugeot 206) y diera varias vueltas de campana. Dicen los del lugar que el chico ya había tenido accidentes antes. Parece, además, que ninguno de los dos llevaba el cinturón abrochado.
Para que un coche dé una vuelta de campana, normalmente ha de circular muy deprisa y, según mostraban las huellas de los neumáticos, la velocidad que debía llevar era con seguridad excesiva, sobre todo si el límite estaba en 40 km/h. Dicen, también, que el coche circulaba a 210 km/h. Aunque puedo asegurar que eso es totalmente imposible, es seguro que al señor Pere Navarro le reforzará en su errónea idea de la educación a través del miedo a la multa, en vez de la educación en el respeto a uno mismo y a los demás.
Pero eso ya no es importante. Porque no sirve de nada que un tipo al que no le gusta conducir te amenace con quitarte el dinero y el carné. Quizá sirva más que los próximos padres de los próximos hijos que se pongan al volante les enseñen a éstos que hay cosas infinitamente más importantes que batir récords de velocidad vial.