Cuento Erótico VIII
Para mañana leeros hasta la página 63 de "La Regenta", comentó el profesor. Los alumnos, con esa rapidez que les caracteriza cuando oyen un timbre, ya estaban prácticamente todos en el pasillo.
Menos Esther. Ella se quedó recogiendo parsimoniosamente y cuando pasó por delante del maestro le dijo: "Me gustaría profundizar en este tipo de lecturas. Usted podría pasarme una lista de los 10 títulos imprescindibles de la literatura española contemporánea?". El Sr. Alejandro no estaba acostumbrado a que sus desmotivados alumnos requiriesen algo de él. De todos modos en cada curso siempre había alguien que mostraba un cierto interés por su asignatura.
"Por supuesto, si quieres pásate mañana por el despacho de Literatura y te facilitaré los 10 títulos que creo deberías leer", le respondió él casi entusiasmado.
A la mañana siguiente Esther entró en el despacho de Don Alejandro. Este estaba ordenando papeles y con un movimiento de cabeza le ofreció sentarse en una silla frente a él.
Mira Esther, te he preparado una lista con las 10 obras que yo creo esenciales de nuestra literatura. Evidentemente podría confeccionarte una lista interminable, pero creo que si te lees estos libros tendrás una visión más que digna de nuestra literatura en los últimos 30 años.
Esther recogió la lista, la repasó detenidamente y después de un largo silencio le dijo:
"Mire Don Alejandro, yo iré leyéndome uno a uno los libros que me ha recomendado. Cuando termine cada uno de ellos, realizaré una valoración, obviamente subjetiva, con el siguiente resultado: si me entusiasma el libro le comeré la polla como nadie se la ha comido; si me deja indiferente únicamente se la acariciaré una vez y si me defrauda y aburre le pegaré un mordisco hasta hacerla sangrar".
El profesor mantuvo la mirada a Esther durante toda su exposición. Con los ojos y boca muy abiertos. Estupefacto. No daba crédito a lo que oía, pero le encantaba. Había tenido, alguna vez, medias proposiciones de alumnas ávidas de un aprobado, pero nunca aquello. "Acepto" - respondió intentando mantener una cierta dignidad.
Esther, sonrió y le dijo: "Le permito que sea usted quien escoja el primer libro que he de leer". Él le solicitó la lista que momentos antes le había entregado, la repasó minuciosamente y le dijo: "Para no arriesgarme te diría que empezaras por Últimas tardes con Teresa, es una novela entretenida y buena representante de nuestra literatura más reciente".
Creo que en una semana lo puedes leer tranquilamente, o sea que te espero aquí, la semana próxima, el mismo día y a la misma hora, le dijo el profesor.
Ella asintió, recogió de nuevo la lista y se fue sin decir nada.
Durante toda la semana, Alejandro intentaba vislumbrar en la cara de Esther el éxito o fracaso de la lectura. Pero ella permaneció imperturbable. Sin dejar entrever el resultado de la lectura.
El día señalado, Esther entró en el despacho del profesor. Cerró la puerta con el pestillo. Se acercó a él y se arrodillo delante suyo. Le desabrochó los pantalones, y se la sacó. Alejandro estaba al borde del ataque cardíaco. Notaba que el corazón le iba a 200 aunque intentaba mantener la compostura. En ese momento ya casi no le importaba si se la comía o si se la destrozaba de un mordisco. Su excitación era tal, que ya todo le daba lo mismo.
Esther introdujo el miembro de Alejandro en su boca y le hizo la mejor mamada de su vida. Cuando acabó, ella se levantó y le dijo: " Y ahora, cual?". Alejandro aun no recuperado del encuentro balbuceó: lee "Los mares del sur" de Vázquez Montalban.
Así se mantuvo el intercambio durante todo el curso. Ella succionando y acariciando y el proponiendo títulos. Nunca lo mordió. Tan solo con 3 novelas (de las que omitiremos el nombre para no lastrar su volumen de ventas), recibió únicamente una suave caricia como recompensa.
Ya había prácticamente terminado con las lecturas. Tan sólo quedaba una. Alejandro, observó aterrorizado la lista. Se dió cuenta que su subconsciente le había obligado a dejarla para el final.
"Esther, esta semana toca: La hija del caníbal de Rosa Montero"