Cuentame un cuento

De esto, de lo otro, de lo de más allá...
Cuento Erótico V
Juan, el médico que compartía guardias con Mónica y Susana, era un personaje singular. En el hospital era conocido por sus salidas de tono, aunque aquel aura que envuelve a determinados individuos le permitía gozar de la amistad de buena parte del personal sanitario.

A las chicas, a casi todas, les gustaba ese punto canalla de Juan. El lo sabía y siempre que podía lo explotaba. Varias enfermeras y no pocas médicos habían sucumbido y él se vanagloriaba ante los demás machos de sus logros. Nunca decía el nombre de la última presa, aunque los datos que ofrecía permitían a la mayoría saber de quien se trataba.

Un día se encaprichó de Gloria, una doctora de 32 años, especializada en traumatología y que vivía con un médico anestesista del mismo hospital. Ella no le hacía el menor caso, es más, le evitaba y en su círculo reducido de amistades criticaba las maneras de Juan.

Juan empezó a abordarla constantemente, pero ella evitaba cualquier situación embarazosa y no daba pie a sus insinuaciones. Una mañana coincidieron en la sala de descanso. Estaban solos. Gloria preparándose un café y Juan curioseando unas revistas. Gloria, no le dirigía ni la vista ni la palabra, y cuando el realizaba algun comentario, como mucho Gloria contestaba con un monosílabo.

A Juan le costaba aceptar la situación. Consciente del peligro de lo que iba a realizar se acercó a ella silenciosamente. Ella estaba de espaldas y cuando la tuvo a un palmo, le empezó a tocar el pecho. Gloria no podía creer lo que estaba pasando, dio un salto hacia un lado y le propinó una bofetada en la cara. Te vas a enterar cerdo de mierda, le dijo mientras abría la puerta y desaparecía.

Juan sonrió, aunque la sonrisa denotaba más nerviosismo que alegría. Aquella tarde estuvo intranquilo. La amenaza de Gloria, y quizás más, su cara de odio, le mantenían en un estado de desasosiego que no podía calmar.

Cuando por la tarde terminó la guardia y entró en el vestuario para cambiarse y salir del hospital, la luz de alerta permanecía encendida. Casí no tuvo tiempo ni de percatarse. Unos brazos fuertes lo sujetaban mientras un pañuelo impregnado en una sustancia conocida le impedía respirar por la boca. Las piernas le empezaron a flaquear y se vió tumbado en el suelo de aquel cuartucho.

Tomás el novio de Gloria, había puesto una dosis anestésica suficiente para que Juan no pudiese mover ni un dedo, pero insuficiente para dormirlo, por lo que éste podía ver y oir lo que decían, si bien en un estado parecido al de una gran borrachera. Lo desnudaron y le dieron la vuelta.

Juan prácticamente no notó nada. En su alma sí, pero su cuerpo no sintió nada. Bernardo, el enfermero homosexual, le dio un golpecito en cada mejilla mientras no paraba de oir reir a todo el personal de la cuarta planta.
Publicado el: martes, 26 de septiembre de 2006 12:27 por cantanoches

Comentarios

Anonymous ha opinado:

Genial!
# abril 11, 2007 20:58

Anonymous ha opinado:

Así se hace...seguirá?
# abril 12, 2007 7:19
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