Cuento erótico IV
Mónica, la hermana de Javier, era una recién licenciada en Medicina. Actualmente estaba realizando el MIR en uno de los Hospitales de su ciudad. Había podido elegir y la pereza a cambiar de población la encaminó a escoger uno de los centros hospitalarios de más prestigio que, además, estaba relativamente cerca de su casa.
En el último mes la habían asignado a la sección de curas intensivas y se encargaba de realizar diversas rondas al día para controlar la evolución de los pacientes. Le gustaba esa sección ya que se encontraba de todo. Una tarde ingresaron a un paciente con una insuficiencia coronaria grave. No debía tener más de 30 años y a esa edad no era muy normal un cuadro médico como el que presentaba. Posiblemente, y a la que se recuperase de la angina de pecho que había sufrido, debería pasar por el quirofano para intentar minimizar el problema.
Al cabo de un par de días el paciente ya estaba más animado y empezó a coquetear con Mónica. A ella le parecía bien ese juego ya que normalmente durante su jornada laboral no tenía opción de permitirse demasiadas alegrías. Él le contó que era soltero, que trabajaba en una consultora y que era ingeniero. Que sus problemas de corazón le empezaron a aparecer tres años antes, y que pese a las advertencias de los médicos, siguió con una vida sedentaria y sin evitar las situaciones de riesgo que todo el mundo conoce.
Un miércoles por la mañana, le comentó que era su cumpleaños y que a ver que le regalaba. Mónica le dijo que no se preocupase que ya miraría que se podía hacer. Cada vez se notaba más tonta con aquel chico y decidió pedir en cocina si podían prepararle un postre especial para él. Cuando le subieron la comida (el habitual consomé y pescado con guisantes) el chico vió que le habían puesto de postre un pastelito de chocolate con unos adornos de nata y una vela.
Ella entró cuando ya se acababa los guisantes y se dispuso, pese a las normas, a encender la vela y cantarle, en voz bajita, el "Happy Birthday". A el le encantó. Estuvieron charlando un buen rato y luego ella se fue a pasar la ronda no sin antes prometerle que volvería a pasar más tarde ya que esa noche tenía guardia.
Mónica volvió ya bien entrada la noche y lo encontró aún despierto mirando una serie televisiva. Después de encaminar la conversación hacia temas personales, el le comentó que tenía una vida sexual muy activa, y que no soportaba estar tanto tiempo sin sexo. Con carita de inocente le preguntó si se podía solucionar de algún modo. Ella sonrió mientras el le cogía la mano y la acercaba a su sexo. Mónica no hizo nada por apartarla ya que el contacto con su miembro, aun con una sábana en medio, la excitó muchísimo.
Sabía que estarían tranquilos, Susana la otra residente de guardia y Juan el médico responsable de la sección estaban descansando.
Se desabrochó la bata se bajo las bragas y se puso encima de él. Le cogió la verga y se la introdujo en su húmedo coño. Y se lo tiró. Aunque sabía que sus compañeros no les interrumpirían, la posibilidad que entrase alguien le ponía a cien. Las ganas que él puso al principio se fueron diluyendo conforme ella aceleraba sus movimientos y al final su cara reflejaba el éxtasis que había experimentado.
Ella desmontó, se vistió y horrorizada consiguió interpretar, ahora si, aquel "piiiiiiiiii" desagradable que la había machacado durante los últimos cinco minutos.
Cerró los ojos de Jorge, el ingeniero consultor y entre sollozos susurró: hora de la muerte 11:42