La madre de Pat
La madre de Patricia había entrado sobradamente en la cuarentena y, aunque de carnes firmes, el pasó del tiempo había diluido una belleza que años atrás fue incuestionable.
Cuando sonó el teléfono estaba a punto de salir hacia el trabajo. Una voz tranquila y grave le dijo:
- Te espero en media hora en la Plaza del Centro. Yo de ti acudiría. Y colgó.
Pensó que era una broma de adolescentes, pero en el trayecto del metro no pudo evitar pensar en la llamada. Y si le había pasado algo a su hija? o a su marido?. Aunque la prudencia le decía que no debía hacer nada, el corazón le señalaba otro camino.
Bajó en la siguiente parada, hizo transbordo y se encaminó hacia la misteriosa convocatoria. La plaza estaba semidesierta; dió una vuelta por si veía a alguien conocido o a alguien sospechoso. No vió nada.
Cuando ya enfilaba una de las bocacalles que desembocaban en la plazoleta, una furgoneta negra se le acercó por detrás. Ella notó al instante algo raro y la intuición la llevo a acelerar el paso para ganar rápidamente la calle Mayor. Al mismo tiempo, una motocicleta le barraba el paso al otro extremo del callejón.
Ahí empezó a asustarse de verdad. Intentó gritar pero en ese momento unas manos enguantadas le taparon la boca y la obligaron a entrar en la parte trasera de la furgoneta.
Todo fue muy rápido. Dos encapuchados la cogían brutalmente, mientras un tercero le empezó a arrancar la ropa. Los tres la violaron sin que pudiera ofrecer resistencia.
Cuando acabaron, la vistieron con ropa nueva y le abrieron la puerta de la furgoneta para que saliera. Estaba a unos pasos de su oficina. Se tambaleó, salió sin mirar de la furgoneta y entró con paso vacilante al vestíbulo del edificio. No se atrevió a contárselo a nadie.
A la mañana siguiente recibió una nueva llamada:
- Bueno días, soy Javier, representante de "Situaciones al Límite, SA". El trabajo que hicimos ayer prefiere pagarlo mediante tarjeta de crédito o transferencia bancaria?