Ayer llovió...
Y las calles empezaron a echar humo y a desprender calor. Y los niños saliron a jugar bajo la lluvia. Y mis gatos se acercaron al balcón. Y refrescó. Y ya pude dormir bien. Y me alegré. Y no me desperté.
¿Pero tanto cuesta contentarnos?. Es que no hay manera. Y mira que es fácil.