el mundo de ast

del gris al negro toda una gama de colores
SIETE MENOS CUARTO (Y UNO)
 

            El transporte cada día está peor. La anciana pizpireta lo achaca a la desidia del señor concejal encargado de la materia ; a su lado, el hombre del traje caro y el pelo engominado susurra a su compañera de pelo corto teñido con reflejos caoba y prendas ajustadas, que somos muchos : muchas personas, muchos coches y muchos autobuses, demasiados en poco tiempo y poco espacio, un problema estricto de densidad, declara y subraya con la mano en alto y los dedos trenzados con el índice señalando a un cielo que le inspira sus ideas. Yo creo que no. El transporte es, como yo mismo, víctima pasiva, no sé si inocente, de la entropía del universo, del mismo caos que hace que tome cada día este autobús. Hoy casi lo pierdo, me ha fallado el despertador, pero aquí estoy puntual. Son las siete menos cuarto ; a las siete menos diez me apearé, caminaré cuarenta y tres pasos hacia el Norte por la avenida del puerto, me detendré ante su ventana, miraré a todos lados, y cuando nadie pase me ocultaré tras el seto, me apostaré frente al portal y esperaré, poco, porque ella nunca se retrasa. Siete menos diez.

            -Déjeme pasar señora. Me bajo aquí.

            Llevo prisa , no debo perder un detalle. He de contemplar, admirar y memorizar cada uno de sus movimientos ; a través de los cristales de su ventana he de adivinar sus pasos cuando se separe del vano tras el muro. Escucharé sus palabras inaudibles.

            Ahí está. Ha encendido la luz de la alcoba. La persiana está levantada, a través del visillo se transparenta su silueta. Qué tímida es. Cómo se separa de la luz para vestirse. Es diciembre, en invierno duerme con pijama. Se quita la camiseta y la lanza a un rincón del que luego nunca la recoge. Introduce el brazo por la cincha del sujetador. De escorzo ha insinuado su pecho, pequeño y erguido. Hoy toca blusa, quizás la blanca de seda, la que lleva con dos botones de nácar engastado en plata desabrochados, para lucir el escote que disimula con el recato de un pañuelo de cuadros camel y negro Burberry´s. Adoro esa blusa. Cómo me excita su escote.Desde aquí no distingo nada bajo el alféizar, pero seguro que hoy viste pantalones (siempre lo hace) ceñidos, porque sabe que, aunque no es tan joven como aparenta, su figura es muy estilizada, sus músculos sujetan terso cada centímetro de su piel. Quisiera tocarla, posar mis dedos sobre su cuerpo. El brillo de la luz se extingue, en su lugar, de la ventana brota ahora oscuridad. Sus pasos se alejan. Es la hora del desayuno, y la cocina mira a través de la galería a un patio interior, escapa a mis ojos acechantes.

            De nuevo luz, plomiza, es luz prestada del reflejo del fluorescente de otro cuarto. Toma la cafetera italiana, la gira para colocarla advierta bajo el grifo. La anega, hasta que el agua helada chorrea por sus manos. Vierte dos cucharadas de café en el cacillo, lo prensa hasta dejarlo al ras del borde. Acopla el cacillo superior y la coloca en el fuego. Vuelve al baño a retocarse, atusa su pelo corto, que desde hace una semana lleva mechas amarillas, muy dispersas como paja. Ya sale el café, su aroma se desliza por los recovecos del apartamento. Frunce la nariz. Aspira. Se deleita, como yo, con ese aroma. El mensaje ha llegado a su cerebro. Recoge el necessaire preñado de frascos y tubos de rímel, maquillaje y cremas : la hidratante, la regeneradora... Deja correr el agua por el sumidero del lavabo. Chapotea en el chorro de agua para formar remolinos que arrastran los pelillos de sus cejas y su nariz que acaba de cortar. Regresa a la cocina. Con el paño rodea el asa, la coloca (...)
Publicado el: viernes, 04 de enero de 2008 17:37 por murciaconsed
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Comentarios

ETEBAN ha opinado:

OLA SOY ESTEBAN TENGO CEIS ANIOS

ME PODRIAN DEKIR LA HORA QUE NO LA CE

# marzo 12, 2008 22:00
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