el mundo de ast

del gris al negro toda una gama de colores
CUENTO TRISTE DE NAVIDAD ( Y TRES)
 

            Qué pena que no puedas verlo. Ha quedado muy bonito. Los reflejos de las luces intermitentes de la calle producen un efecto misterioso. La secuencia de luces que se alternan, se encienden y se apagan parecen proveer de movimiento a las figuras. ¿Imaginas que de repente tomasen vida tan pequeñas ? ¡Qué espanto ! No sé si me da más miedo o ganas de reír. Voy por el brasero.

            No tenemos troncos gruesos, sólo ramitas. Voy a desmembrar el esqueleto de la silla de anea, la que tenía el respaldo deshilachado, y tú, lo recomponías cada vez que te sentabas, liabas el cordel de esparto que se desintegraba . Nunca más lo vas a trenzar, las tablas servirán para formar las brasas ahogadas que nos darán el último hálito.

            Tengo hambre, y es que con el trajín del alta no he comido. Pero no debemos comer, fue una de tus instrucciones , el aire consumido nos podría provocar el vómito y el estremecimiento de nuestras entrañas, podría hacer flaquear nuestra voluntad.

            Me apetece un poco de cava, en las copas largas de cristal de Bohemia. Aún quedan dos de mi ajuar, las tengo guardadas en un rincón del primer cajón de la cómoda. Tú pensabas que ya no quedaba ninguna. Después de tantos años te parece imposible. A ti no te gusta guardar, dices que cualquier objeto ha de ofrecerse a la condena del tiempo, como las personas o los animales, decías que dar eternidad a los objetos es una blasfemia. Ahora esta blasfemia nos va a permitir hacer un último brindis, con las mismas copas, recuerdas, que acompañaron nuestra noche de bodas.

            Arden los troncos en el brasero. Cuando las brasas se desgranen, lo pondré ahogado encajado en el círculo hueco de la mesa camilla. El cava está pasado. Ves, he sacado el tapón sin esfuerzo, no hay espuma, ni estallido, ni ruido, ni color. Mejor, mucho mejor, un cava triste para acompañar la muerte de dos ancianos. Te estás poniendo perdido, el cava se te escapa por la comisura del labio apopléjico. Te has atragantado. Tose. Expulsa el cava que te ha sofocado. A tu salud. Nunca me ha gustado el cava, pero no debe faltar en los momentos especiales. Se me ha subido a la cabeza. Voy a ver si hay brasas.

            He golpeado los palos con el atizador y he conseguido desprender suficientes. He traído la cinta adhesiva, y la cubierta del brasero.

            Todo está dispuesto. Hazme un lado. Pondré tus piernas en mi regazo. El final ha comenzado como habías previsto. No tengo idea de cuánto va a durar. Me desespero. Voy a encender el televisor. Ha empezado el mensaje del Rey. Roncas, te has dormido. Me siento muy débil...

Publicado el: miércoles, 26 de diciembre de 2007 8:06 por murciaconsed
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