CUENTO TRISTE DE NAVIDAD ( Y DOS)
Me exhortaste a repetir paso a paso tu proyecto : la cinta, las brasas sin humo, el humo ahogado exterminador de vidas en pena. Estaba segura de que llegado el momento no tendría fuerzas para satisfacer tu testamento suicida ; ahora, sin embargo, no tengo dudas, recuerdo cada paso a seguir y sé que no vacilaré.
-Es aquí señor. Si se detiene en la calle de atrás, podrá dejar la camilla justo delante del portal.
Hemos llegado. Es muy extraña la sensación de hacer las cosas por última vez : decir unas últimas palabras, caminar dos pasos, mirar unos ojos, respirar. Hace frío. Me gusta que en Navidad el tiempo sea frío, sobre todo en una Navidad tan especial para nosotros. Con el frío se me hace menos difícil morir. En verano, tu plan, diseñado con tanto esmero, habría sido ridículo : un brasero en verano...estúpido. Pero no va a ser ridículo. Cuando te llamó la muerte, supiste escuchar con precisión, y yo voy a cumplir puntualmente.
-No cabe en el ascensor, pero no se preocupe sólo es un piso, dos tramos de escaleras, ya le ayudo yo.
Aguanta esta última humillación. Aguanta. No te gusta llegar a nuestra casa tumbado, entrar en tu alcoba con los pies por delante como los muertos, pero comprende que a mí sola me habría sido imposible desplazarte.
-Así está bien. Lo dejaremos en el sofá. Muchas gracias, se puede marchar, ya lo acomodo yo.
Has terminado tu viaje. A mí aún me queda un poco. Anochece. Han encendido el alumbrado. ¿Ves las luces que se encienden y se apagan junto a nuestra ventana ? No voy a correr las cortinas. Me gusta que entre la luz de la calle, que la Navidad se filtre en nuestro salón, un poco de vida en el nicho de nuestra muerte, será como un exvoto, un acompañamiento en el tránsito sin destino que nos espera, porque nosotros nunca hemos tenido mucha fe y ya es demasiado tarde para recuperarla.
-Adiós señor. Muchas gracias. Que tenga usted una feliz Noche Buena con los suyos. ¡Ah ! Que esta noche trabaja, que no vive en la ciudad. Es una lástima. Gracias de nuevo.
En otro momento le habría invitado, pero invitar a morir no es una buena oferta para un joven. Es Noche Buena, voy a poner el Belén. No te preocupes, pondré sólo el nacimiento : María, San José, el Niño, el buey desorejado y la mula. No temas, no haré montañas, ni ríos, ni siquiera sacaré del su envoltura de periódicos a los Reyes Magos. Acabaré pronto y después comenzaré con mi cometido, pero es Navidad, y éste es nuestro hogar, y quiero que lo sea hasta él último momento.