CUENTO TRISTE DE NAVIDAD ( Y UNO)
No me vuelvas a mirar así. Te repito que éste esnuestro último viaje. Tengo bien presentes tus palabras cuando tus pies aún te sostenían. Lo voya a hacer, como me explicaste, y yo te voy a acompañar. El mundo seguirá sin nosotros. En cuanto la ambulancia llegue a casa comenzaré los preparativos. Queríamos ir a París después de jubilarnos, hemos dejado pasar demasiado tiempo, va a ser imposible. Nunca buscaremos nuestros fantasmas vagando por los Campos Elíseos cuando aun eramos jóvenes, con más proyectos que pasado, cuando la felicidad, como la salud, eran algo consustancial al simple hecho de vivir. Casi no nos queda futuro.
El viaje termina. Dos manzanas y unas horas de esta vida que se ha puesto muy pesada. Sí, iré contigo, y no te voy a mentir. No iré cntigo por amor, que te quiero, sino por cansancio, el hastío que me produce volver a empezar. ¿Y para qué? ¿Con qué fin? Mi vejez anda ya muy cansada.
Con qué afán trataba el joven doctor de convencerme de que la NOche buena , donde mejor se pasa, es en casa. Insistía en que eso es lo que más te conviene. No te conoce como yo, pero incluso se ha acalorado. uera de sí pormi resistencia ha alzado la voz, eso sí, después, cuando me ha dadoel informe de alt, se ha disculpado. Y aquí estamos, en una ambulancia atravesando calles repletas de transeúntes, con cielos tapizados de bombillas de colores que dibujan árboles, nacimientos, adornos... y tú aquí, tumbado, mudo, paralítico, hablando desde la profundidad de tus ojos, porque la edad no ha hecho perder a tus pupilas el brillo arrogante que me encandiló el primer día que te conocí.
Me pregunto sin no fue una premonición cuando hace una semana me aleccionaste ( ante mi risa por tu súbita locura y mi pavor cuando te mostraste cuerdo) con frases tajantes y diáfanas, incisivas y contundentes impulsadas por tu disgusto . ¿Acaso barruntabas la tragedia?. "Antes que cagarme en los pantalones quiero morir. Que tú, si a mi me faltan las fuerzas, me mates". Te levantaste, y enhiesto me explicaste cómo debía colocar la cinta adhesiva en las rendijas de puertas y ventanas, cómo debía cargar el brasero, amansar las ascuas, extinguir las llamas y cubrirla a medias; así el fuego ahogado extinguiría tu vida dañada, de un tajo, seco como el de un verdugo. Y así será, no te dejaré, como tú no quisiste, macerar en el almíbar amargo de la enfermedad; no dejaré que los gusanos se adueñen de tus llagas aun envida; que tu cuerpo tan gallardo se anquilose; tú no eres un árbol, no, dejaré que enraíces en una mala vida. El fuego será nuestro verdugo, o mejor nuestro salvador de la infamia del futuro.
(....)