EL HERMANO DEL HIJO PRÓDIGO Y UNO
El hermano del hijo pródigo, volvía sudoroso de los campos de la familia. Las propiedades eran extensas y el trabajo arduo. El padre hacía varios años que se había retirado, únicamente se ocupaba, aparte de sus paseos y sus partidas de cartas, de alguna labor comrcial, y eso sólo con algunos clientes que eran más de su gusto, un grupo selecto que casi siempre coincidía con los menos problemáticos y más dadivosos. Después de la huida de su hermano, con el consentimiento de su padre, y con la mitad de la herencia, el hermano del hijo pródigo, había tenido que, en solitario redoblar sus esfuerzos para mantener a salvo la fortuna familiar, y no sólo la había mantenido, sino que la habia incrementado:ahora poseía más cabezas de gando y mayor extensión de tierras, que antes de la huida de su hermano.En realidad, elhuido, según había comprobado ya había comenzado a dilapidar la fortuna familiar algún tiempo antes.. Ahora se explicaba tanta insistencia por encargarse de las cuentas. Sí, ahora lo veía todo claro, su hermano había estado sisando, poco a poco, pero continuamente, y su salida de los negocios de la familia había sido una suerte, al elimiar un dispendio y un riesgo. La mitad de la herencia que se le dio , se le antojaba un precio justo con tal de quitarse de encima a semejante zángano, una cigarra muy cara. Claro, que nada de esto había comentado a su padre, al que los años ya iban pesando, y había tenido el buen juicio de apartarse del egocio y dejarle el camino que necesitaba para prosperar.
CAda día, esperaba a su vuelta las miradas de admiración de los siervos, que en él vaían un líder. su trabajo le costaba, siempre en la brecha, haciendo la labor más dura, lamás delicada y siempre en el lugar en que se debía decidir, derrochando esfuerzo, y disimulando una fatiga que, cada año más, sentía. solo se mantenía en pie la esperanza de la herencia próxima, el bienestar y la vida más regalada que, su esfuerzo, en poco tiempo, le iba a suponer.
Pero esa trde, desde lejos observó cambios en el recinto cercado dela finca. Las muchachas no esperaban, cmo solían la llegada de los hombres, deseosas de sus miadas, anhemantes de sus requiebros; las madres no atendían la llegada de sus hijos exhaustos, y los niños no esperaban a sus padres. En lugar de estas escenas cotidinas, en el patio había bullicio, ruido y una agitación cáótica.
El hermano el hijo pródigo estaba preocupado, temió que la finca hubiese sido atacada por los bandidos. Apresuró su paso cuando oyó gritos. pero cuando ya estaba cerca del origen de ruido, tan cerca que reconocía sin dificultad las caras, pudo distinguir que no eran rostros de preocupación o de tristeza, ni mucho menos, eran rostros ebrios de ista y lujuria.
En la era, el becerro cebado, la joya del corral, daba vueltasy más vueltas, ensartado en unhierro asandose a fuego lento rociado con los jugos del tomillo, los vinso y lciores más delicados que, como en días de fiseta mayor, impregnaban la carne y el ambiente de sus aromas.
Aquel olor le abrió el apetito. Llegaba cansado y ahambriento, esperaba unas gachas con hidromiel y se encontraba con un banquete que él no había ordenado, y dudaba que fuese iniciativa de su padre que no daba un paso sin s consentimiento.