UN LILIPUT DE MIERDA Y cinco y final
- ¿Qué ocurre? - se echó las manos a la cabeza al observar el desbarajuste. El paciente cuyos antecedentes conocía, con las manos trenzadas entorno al cuello de Vicente.
Lola se había puesto una bata aún más ajustada, forzando la costura de los botones contra el ojal.
-¡Llame a seguridad ! - Le ordené y volví a intentar separarlos.
Creo que vicente habría deseadomorir. sus ojos, inyectadosen sangre,pero lánguidos, me lo decían. el incidente, en alguien como él iba a condicionar ( no sospechaba cuanto) su vida.
El paciente le soltó antes de que Lola regresase con el guardia de seguridad.
-¡Buenos días! - pronunció amenazador y se cuadró en la uerta un hombre fornido, uniformado y cn cara de pocos amigos.
-todo está controlado -lo estaba, el paciente súbitamente había sufrido un vahjído y había caído desmayado, intenté clamar el ardor guerero del guardia.
lolame miró. en su pupila reconocí, opacificado pro su canalillo, un reflejo delujuria.
A mi espalda el paciente. A mi izquirda , de bruces, cn la cabeza entre las manos, Vicente. Ante mí el guardia, que no se convenció con facilidad e quetodo estaba resuelto hasta que Lola le dedicó una sonrisa que zanjaba cualquier duda.
No sé qué le ocurrió al paciente.
En cuanto a Vicente, esa misma mañana, El Gerente se interesó por el incidente ocurrido a uno de sus jefes de servicio. inició consultas. Vicente pudo haber callado, pero no lo hizo, le dijo al GErente lo que había visto, los hobrecillos, y le señaló que estaba muy disgustado conmigo poruqe había negado lo evidente. el gerente me mandó llamar. Se disculpó por considerar ridícula mi convocatoria, pero lo justificó como una mera formalidad. Me preguntó si yo había visto algo que pudiera parecer ( recalcó el término) un hombrecillo. sonreí y sonrió. Le dije que claro que no. DEclaró que ya lo suponía y me pidió por favor que me hiciese cargo de la jefatura mientras Vicente descansaba. me dio una plamada en la espalda,nos sonreímos, y lamentamos lo que el estrés es capaz de hacer con un hombre tan íntegro como Vicente.
Ahora soy el jefe. Loal es mi enfermera. he comprobado que el brillo de su pupila ( sí, aquel opacificado por sucanalillo) sí era lujuria. Vicente descansa, sigue de baja. Le he llamado pero no quiere ponerse.
Para aclarar vuestra última duda, os diré que no he vuelto a ver hombrecillos, pero aunque los viese, creedme, no se lo diría a nadie
FIN