UN LILIPUT DE MIERDA Y UNO
Yo soy endoscopista. Un endoscopista es alguien que introduce tubos flexibles, provistos de una cámara microscópica en su extremo, por orificios naturales de tu organismo. Con una finalidad médica, eso sí, diagnóstica o de algún pequeño tratamiento.
Soy endoscopista digestivo, es decir, mis orificios, tus orificios, son la boca y elano.
Me busca mi trabajo, mucho. Me gusta la sensación que produce tener un adulto ( a tí mismo) tumbado de lado con las posaderas al aire, enfundar la manocn psrsimonia en un guante de látex o de vinilo, embadurnar el índice de lubricante, e introducirlo en elano desnudo, con el resping osutil que sigue a la penetración.Es un acto plenamente democrático: ante mí ha habidoa nos enmarcados en nalgas hermosas, tersas, pero tambien flácidas y arrugadas. Y todos igual, lamisma tensión, elmismo nerviosismo, la misma actitud sumisa. No, no soy un vicioso, no me malinterpretéis, no es un gozo sexual, es una erótica del poder efímero.
BAsta. No he empezado a escribir para hablar de mi mismo, sino para contar lo que le ocurrió a un amigo.
Mi amigo Vicente es endoscopista como yo, endoscpista digestivo. Vicente es un hombre equilibrado, puntilloso ensu trabajo y si cabe excesivamente serio.
A Vicente le gustaba tanto la endoscopia como a mí, pero dudo que le encontrase erótica alguna, más bien pienso que el enfrentarse a la desnudez del prójimo sólo le despertaba pudor y un punto de desasosiego. Nunca se volvíahasta que le enfermera tenía al paciente completamente envuelto en una sábana a excepción del orificio a explorar.
Un día, el día que ocurrió la historia, a Vicente le llegó una petición especial. Bajo los datos de filiación, en el recuadro destinado al resumen de la anamnesis, advertía que se trataba de un paciente aquejado de esquizofrenia paranoiode. No, la nedoscopiano se le hacía por ese motivo, la endoscopia no sirve, normalmente para ver delirios, sólo ve lo que hay en el tubo digestivo, la pura realidad objetiva, sin adornos, sólo heces o jugos gástricos, según.
-Vicente, creo que tenemos un loquito - su enfermera Lola le tuteaba - Espero que no sea peligroso.
-No creo - Vicente respondió con la desgana con la que cada lunes llegaba al trabajo - si no sacamos a flote su delirio, seguramente será una persona completamente normal.
-Sabes de todo - admiró.
Vicente se sonrojó. La enfermera estaba muy buena, tan buena que Vicente pensaba que no era mujer para él.
La enfermera se levantó, caminó hacia la puerta entre cntoneos más que insinuados a través duna bata muy ajustada.- Sacó el rostro por la rendija entre las dos alas, y con ello exageró sus nalgas redondeadas, que a vicente le hacían saltar lágrimas de deseo. La enfermera de endoscopias, Lola, era la envidia del hospital, y todos envidiábamos a Vicente.
En la sala entró un señor alto, encorvado, cn las manos cubriendo el pubis.
-Buenos.... días - dijo sin mover los labios -La enfermera a su izquierda y asu espalda le observaba.
-Pase al baño y se quita todo de cintura para abajo. Póngase un pijama, y cuando esté usted preparado salga. ¿TRae firmado el consentimiento?.
El hombre se lo entregó enrollado como un legajo empapado en sudor de sus manos.
CAbizbajo y aun más encorvado siguió el camino que Lola, la enfermera le marcaba.
Al cabo de cinco minutos, cuando dejron de oírse ruidos ( muchos, el paciente era un patoso) Lola llamó dos veces a la puerta y le invitó a salir.
(....)