El escritor novel y cuatro y final
Habían pasado los tres días, no había llegado ninguna otra obra... hasta las ocho de la tarde, cuando Juan iba a cerrar la sede , un mensajero trajo la novela de otro concursante. el voluntario comprobó el tema a grandes rasgos, se correspondía con las condiciones previstas: laspáginas estaban numeradas, las líneas eran de sesenta caracteres, estaba encuadernado con modestias, y ...dentro de plazo. Reunía todas las condiciones, por lo que le dio entrada y telefoneó a su amigo.
-Me ha llegado otra novela que cumple todos los requisitos. Esto no lo habíamos previsto, le he dado registro de entrada, pero no importa, la ganadora será la tuya. No pienso ni sacarla de su sobre.
-No - le dijo desde el otro lado el escritor - hay que leerla, se merece al menos ser leída.
- No seré yo quien la lea. Como no la quieras leer tú. el resultado va a ser el mismo - se rió a carcajadas.
El escritor acudió a la sede de la ONG, donde su amigo le esperaba.
-Te dejo la llave. Yo me tego que marchar.
-GRacias.
-No te compliques la vida. No es necesario.
-Sí es necesario.
-Es un sótano y hace frío, en el cajón inferior del despacho si la necesitas, hay una manta.
El voluntario se arropó con su chaqueta y se marchó. El escrcitor entró en un despacho desordenado, lleno de cajones apilados por todas partes. Hacía mucho frío. siguiendo las señas del voluntario, se acomodó, sacó del cajón la manta y se arropó las piernas. Colocó , perpendicular al eje de la mesa, la novela que iba a leer, porque el escritor era algo maniático. Tomó la pasta de color azul, echó un vistazo al título, pasó la hoja y comenzó a leer.
Comenzó a leer y no pudo parar. Cada idea se hilvanaba sin solución de continuidad con la siguiente. El tema fluía como un torrente manso. Los personajes eran profundos, la prosa magnífica, fluida, clara, concisa, sin ornamentos innecesarios y sin embargo con sentencias brillantes. Casi sin darse cuenta, a las cinco de la madrugada, pasó la última página y leyó FIN. Experimentó con crudeza el vacío que se siente al terminar un buen libro.
Tomó un folio, y con un bolígrafo verde, escribió. Plegó el papel, lo introdujo en un sobre, se llevó la goma a la lengua, la humedeció, lo selló, y lo dejó sobre el libro, encima de la mesa de su amigo. Se levantó, estiró la espalda, rígida por las horas que había permanecido sentado, con los ojos vidriosos por la falta de sueño abandonó el despacho, cerró con cuidado la puerta para no molestar a los vecinos, y se marchó con el tiempo justo de llegar al trabajo, de ver la primera de las dos sonrisas diarias de su compañera.
Dos días después, en el periódico local de menor tirada, en la nota publicitaria más barata, se daba cuenta del fallo del jurado del premio que se había anunciado unos días antes.
La escritora ganadora fue muy feliz.
FIN