EL ESCRITOR NOVEL Y DOS
Oía su corazón palpitar, veía sus manos temblorosas, tocaba la humedad que se interponía entre sus dedos y el papel y le anegaba las palamas... Pensó no abrirla, dejarla tal cual sin desgarrar, con el sobre manchado pero intacto, de ese modo, la ilusión sería eterna, porque el libro si no lo reclaba no se lo devolvían, y podría soñar con el cambio de las modas, con un lector que encontrase en un rincón una novela arriesgada, la obra que necesitaba para sus lectores, lo que el público buscaba, y así se haría famoso, tal vez incluso demasiado famoso y demasiado deprisa, aunque hubiesen pasado muchos años desde que remitió el paquete certificado, desde que dejó el sobre encima de su mesa, con su vientre preñado de una respuesta no leída que el tiempo había superado. Se veía fingiéndose sorprendido por las llamadas de los periodistas que nada sabían de aquel antiguo desconocido, ahora famoso repentino. Se escuchaba haciendo declaraciones en que insitía en lo duro de la documentación que había precisadao, lo arduo de un trabajo de años, decorando su fama con una aureola de humildad fingida...
Abrió la carta, porque su novela era muy buena, seguro que había sido aceptada, ¿de qué serviría tener el sobre cerrado? si no se apresuraba, en la editorial buscarían otro escritor, perderían su novela, o la entregarían al fuego.
Leyó en el papel primero y después en su rostro reflejado en el cristal de la ventana la respuesta: le agradecían que la hubiese remitido, pero no se ajustaba a los saturados planes editoriales, le reiteraban su felicitación, y lo alentaban a nuevos intentos.
Quedó paralizado y aterido. Por mucho que se convencía, por mucho que se preparaba para ese momento, siempre era lo mismo: frialdad, quietud y parálisis, y después tristeza, se sumía en la derpesión y la desgana, sentía deseos de tomar el ordenador entre sus manos y lanzarlo a la pared. Y lo habría hecho, sí, si no fuese porque aún estaba pagando los plazos ( cómodos eso sí) y le quedaban 24 letras poco más o menos un abecedario), y si al escritor había algo que le fatidiaba más que recibir devuelta una de sus obras, eso era, pagar letras de algo que ya estaba herido de muerte o fallecido en acto de servicio, como le ocurría ya a su coche, a su lavadora y a su ordenador. No lo tiró, se humilló, y esa misma noche, en la penumbra de su habitación, con la luz de su flexo escribió hasta la madrugada el inicio de la obra que esta vez sí, porque en la anterior detectó fallos, sería su obra maestra.
A la mañana siguiente regresaría al trabajo, delante de su ordenardor, a transcribir datos y más datos como un robot. Tenía muchos compañeros, pero cuando tienes un trabajo de máquina, los otros compañeros son un engranaje, y dan tanta conversación como una polea o un émbolo. sin embargo, debía reconocer que cuando el trabajo, de puro monótono, no podía aburrirlo más, era capaz de rendir a plena satisfacción de la empresa con sus manos y con un rinconcito de su cerebro, seguramente el hipotálamo y los reflejos de la méduila espinal, mientras el resto de su cerebro volaba, planeaba por los universos multicolor de su imaginación, atravesaba no uno sino muchos arco iris, cabalgando un unicornio dorado, rescatando doncellas, devastando infiernos, martirizando dragones, y a veces, en sus sueños despierto incluso cometía alguna maldad: deseaba a la mujer de algún prójimo, o a varias mujeres de varios prójimos, anhelaba el mal del prójimo compañero de la prójima..., auque a diferncia de los arco iris, la prójima siempre era la misma, su compañera de enfrente, con sus piernas largas, y las dos únicas sonrisas que le dedicaba cada mañana cuando llegaba y cuando se marchaba, el resto de tiempo, la mamparaba los separaba, y así ocho horas. si en su viaje imaginario tenía una idea, tomaba un trozo de papel y la apuntaba a grandes rasgos...
Las tres, hora de salida. Anotó un último dato, sonrió a su compañera, le deseó un feliz fin de semana , aguantó como pudo su sonrisa y salió. Iba a comer en media hora porque a las cuatro tenía café y billar con sus amigos del barrio.
.¿Qué tal tu novela.....
continuará