El conferenciante más aburrido del mundo y siete
... Estaba claro que habíamenguado su talla., con el cogote llegaba almármol del lavabo y para verse en el espejo, debía subirse a un taburete. Aunque no estaba preocupado, sentía curiosidad por la trasnformación que estaba ya convencido que su cuerpo experimentaba. Se lavó la cara, una cara sin arrugas. Sacó de su bolsa de aseo lamaquinilla y la espuma de afeitar, agitó el recipiente dela espuma, pulsó el botón y la ver´tió en su mano, una mano pequeña de iel fina y palma mullida, se acarició el rostro y llenó la mejilla derecha de spuma. al masajear habíaapreciado algo muy raro: hacía tres días que no se afeitaba, y sin embargo su rostro estaba suave como la piel de un niño., y esdo que tomás siempre había sido un hombro velludo. Seechó agua fresca y se enjuagó. ¿Para qué afeitarse si noeranecesario? Cuando terminó de aclarar la espuma seiró los cabellos. al principio pensó que eran canas, poo toda su cabeza,salpicadas peromuy abundantes había pelos suaves de reflejos no no blancos sino dorados, que se anillaban de un modo gacoso en su frente. De nuevo volvió el picor a su espalda. De una de las pústulas goteaba pus, pero de la vesícula rota había brotado un pelo, grueso como una cerda y muy blanco,lo acarició ( ahora sí que llegaba con facilidad), la cerda se deshizo con el masaje en varios pelos finos y sedosos, y si no fuese porque era imposible, habría jurado que era plumón como el de los polos recién eclosionados del huevo.
Se gue a la cama, una cma inmensa al aque incluso le costó subirse. durmió desnudo., el pijama cada vez le molestaba más. Se arropó con la sában y tuvolos sueñosmás dulces que nunca había tenido.
Por la mañana, con el primer rayo de sol, se levantó , silbando, tarareando snsonetes de canciones que no redcordaba conocer. se subió a una silla y abrió de par en par la cortina, contempló el mundo tan hermoso, tan perfecto ¡qué feliz era! y lo era porque sí, sn causa aparente ( tomás había oído que a veces la depresión más profunda no tiene causa, por qué entonces tenía que tener causa la felicidad más absoluta) con su felicidad hacía palmitas, y cada vez que palmeaba, notaba el aire moverse a su espalda. volvió a la cama, señaló el espejo enfrente con su dorso, volció la cabeza, y vio, con sorpresa pero sin miedo, cmo si fuese lo másnatural que le puede ocurrir al conferenciante más aburrido del mundo, dos alitas, blancas, que cuando se sentía feliz, se movían con donosura.
Iba a salir a pasear, pero tomás tuvo miedo, no sabía si el mundo cmprendería , como comprendía él que era quien lo sufría, el fenómeno que se había operado en su persona. ESe día no salió. Ni el otro ni el otro ni el otro.......
Continuará....