el mundo de ast

del gris al negro toda una gama de colores
El conferenciante más aburrido del mundo y seis

 Ya en lahabitación del hotel ( un buen hotel, el conferenciante más aburrido delmundo tenía su caché, no se ocnformaba con una pensión de mala muerte), se quitó la gabardina y la dejó sobre el diván enfrente de la cama. Se miró al espejo, aún con el gorro calado. Pensó que se había equivicado: por la mañana, se había puesto ese traje y le quedaba perfecto, ni las hombreras ni la cintura hacían arruga alguna, parecía un figurín, y ahor el tejido se deshacía en pliegues en sus axilas, las hombreras colgaban flácidas, el dobladillo de la chaqueta le quedaba demasiado bajo, y la corbata casi a las rodillas, y eso de que estaba seguro de que en ningún momento había deshecho el nudo. Miró sus pies, los zapataos, unos zapatos de piel con cordones, lequedaban holgados y chancleteaban a cada paso, y los bajos de los pantalones estaban hechos un apena, con las selñales de haberlos estado pisando. Se preguntó espantado cómo podía haberse deteriorado tanto el traje.  Se desnudó, y en su espalda, sobre los omóplatos, dos asquerosos forúnclos violáceos sobresalían con el tamaño de dos huevos de paloma: esa era la causa de su dlor de espalda. Tentado estuvo de apretarlos cn las uñas, para provocar la erupción del pus, y aunque lo intentó, no alcanzaba, y ade´más corria el riesgo de extender la infección. Tratño de convencerse de no ser hipocondriaco. Pasó a la bañera a tomar una ducha, tropezó y se cayó,. maldijo al fontanero que ponía bañeras tan altas, pero por la mañana se había duchado y no había encontrado dificultad alguna, claro que ahora llegaba cansado.

Salió de la bañera, cuidadno de no tropezar denuev. Admiró la cama, que se le antojó de proporciones dscomunales. Se acmodó en laalmohada y durmió como cuando era niño, sin necesidad de  rezar, para provocarse con sus palabras el sueño.

Los rayos de sol que atravesaban las tupidas cortinas lo despertaron. DEscansado, feliz, relajado, enérgico, cn un intenso deseo de salir a la calle. Optimista, por primera vez en mucho tiempo optimista, no encontró una sola pega a la  sla al desayuno, al día, a sus ropas, a su suerte o a sí mismo.

En el lavabo, formando un cuenco con las manos rocio su rostro. contempló las gotas deslizarse, tomó la toalla, se secó y miró, se vió hermoso: tenía menos arrugas en el rostro, el pelo había poblado la frente que los años habían ampliado, sus carrillos, que se pandeaban sobre la mandíbula, estaban turgentes y sonrosados, en suma, estaba más joven, o al menos ( porque sabía que rejuvenecer es imposible) , inmerso en su optimismo, así se encontraba.

Se visitó. Las ropas le quedban tan grandes como lanoche anterior, aunque le dban un aspecto casi de espantapájaros, se conformó almirarse, y se enctró " interesante". Ya en la puerta, se caló el sombrero, que le llegó hasta los párpados; no se achantó, lo echó hacia atrás, lo ladeó ligeramente, con lo que quedaba no sólo elegante sino informal.

la siguiente conerencia la ofreció en un apbelón de un palacio de congresos que se iba a inaugurar cn su disertación. Por primera vez se iba a retransmitir en directo. tomás se enteró cuando al entrar en la sala, apreció en el pasillo central , en el anfiteatro y en laprimera fila las cámaras con el logotipo de la cadena local. Aquello era un problema, pero no encontró excusa.

con temor, al desconocer el efecto de sus palabras en los telespectadores, cmenzo a hablar. La mitad de la sala terinó de escuchar su saludo, hasta dos técnicos quedaron dormidoe n pie apoyados en sus cámaras. En la cabina de control, al fondo de la sala, el regidor había quedadoi apoyado sobre los mandos, y eso que no lo escuchaba directamente. Pensó aliviado que los telespectadores habrían corrido la misma suerte.

Pero la otra mitad que continuó la escucha, cmenzó abuscar el objeto de su amor. La uarta parte de los assistentes, comenzó a amar a la otra cuarta parte, saturados repntinamente de pasión insatisfecha. Tomás miraba su amor inverosímil, pero ya no con excitación, sino con una felicidad serena y mística, apoyad, sin parar de hablar en el atril, al que por cierto no llegaba  y le habían tenido que poner una lza. Terminó dehablar con el éxito habitual, cn los aplausos y las risas de los durmientes que veían a los amantes, y los gritos de sorpresa de los amantes al verse casi desnudos, abrazados a personas que antes de su arrebato y por supuesto después les resultaban absolutamente desconocias.

Tomás llegó al hotelmás optimista de lo mucho que había salido, acudió de nuevo al parque, vistó sucesivamente tres parejasde amante, les recitó tres poemas distintos ( no le gustaba repetirse) , se sintió muy feliz, y regresó a la habitación un poco cansado.

Entró en el cuarto de baño. Estaba calro quehabía menguado de talla....

continuará...

Publicado el: miércoles, 06 de junio de 2007 20:15 por murciaconsed
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