El conferenciante más aburrido del mundo y cuatro
Su siguiente conferencia estaba prevista en el paraninfo de la universidad de una ciudad vecina. Era una universidad nueva, una comunidad científica, que recibió con orgullo a un conferenciante tan laureado.
Entre aplausos subio al estrado, entre sonrisas de felicidad el rector le presentó a los asistentes. Se colocó tras el atril, saludó y con las primeras palabras, se oyeron los primeros ronquidos. Tomás, Don tomás resopló tranquilizado,miró al cielo, y aunque no tenía mucha fe ( ninguna fe) , do gracias a un dios enquien no creía.
Miró las butacas. en las primras filas, no sólo una pareja, sino al menos una docena de muchacos y muchachas, e incluso dos profesoras lesbianas comenzaron a hacerse carantoñas al son de sus palabras. Le asombraban lasmiradas tan amorosas, las sonrisas melifluas y viscosas, los labios fruncidos, con la expresión estúpida que pone el amor en el rostro de quienes lo padecen.
Tomás estaba disgustado, zaherido en su orgullo, deprimido al pensar que cn la vejez comenzaba a fallar. A punto estuvo de callar, perono lo hizo, recordó a los dos jóvenes que se sobaban en su últma conferencia, estaban anta él y no les importaba, y sin embargo, cuando finalizó su discurso, lo miraron sorprendidos, con la misma cara que pondría un adolescente pillado in fraganti con sunovia en la cama de sus padres. Si eso era así,podía tener sus ventajas: si no era visto, podría ver sin ser observado, y debía reconocer que eso eramuy excitante, como mirar por el ojo de la cerradura, o contemplar elamor de unos vecinos porlaventana amparado en la oscuridad de la propia alcoba; al fin y al cabo, él era un hombre solitario, sus intentos de amor , se habían visto frustrados por el sueño de sus amadas que, al desperetar , pensaban que habían sido drogadas y huían de semejante sátiro. Sí, no era una mala idea, sería un voiyeur: seguiríahablando para, con su encantamiento, obtener el propio plazer cn la contemplación del ajeno.
Los amantes estaban ciegos, sordos ( menos para el sortilegio de sus palabras), de los besos y las caricias pasaron a tocamientos iíntimos, para acabar sin más espera haciendo el amor. Tomás estaba muy excitado, sin parar de hablar pensaba en lo raro que resultaba que fuese el cnferenciante el único que disfutaba del espectáculo que se desarrollaba en el patio de butacas.
Su líbido se dsbordaba. Pensó que ya que todos odormían o hacían el amor con desenfreno, ciegos a todo lo que no fuesn sus sueños unos y el objeto de su amor otros, por qué nomasturbarse. Nadie lo vería, sería su secreto. Su ocurrencia ún ncrementó su deseo.
continuará...