GEpeto triste dos y final
... y Gepeto se desesperaba, vencido por eficiencia y el alza de productividad de su empresa, que no despreciaba ni el fragmento preciso para dar fin al laborioso producto de su ocio. No podía conciliar el sueño: daba vueltas en la cama hasta acabar acurrucado, parapetado bajo la sábana, con los ojos fijos en la oscuridad de la esquina de la sala: allí, sobre el banco de carpintero, entre virutas y serrín, con las piernas abiertas, los brazos caídos, y la sonrisa dulce subrayando su cara mutilada por la falta de nariz, estaba Pinocho, su obra inacabada, su hijo chato. Gepto pensó destrozarlo para acabar de una vez con la tortura que a su cinciencia le suponía su presencia. Se levantó , tomó el hacha, la alzó..... pero no pudo, claudicó, renunció a ejecutar al niño de madera. Debía acabarlo, merecía ser terminado y cobrar una vida prestada por su padre- creador. ¿ Cómo conseguir la nariz? Había una solucón: desgarraría con las tenazas la esquina de uno de los tablones por donde la pinza debía sujetarlo, y así, con la presión de la mano de acero del robot, se desprendería, caería sus pies, la pisaría para ocultarla, y a la hora del almuerzo se agacharía sin temor a ser sorprendido, la tomaría y la ocultaría en uno de los bolsillosdel mono.
El día señalado para su delito, estaba muy excitado, impreciso en sus movimientos y cn un discurso balbuceante. Su torpeza no hizo fracasar el plan. Exultante regresó a su hogar. Sin cenar se sentó en el banco, desbastó los bordes, pulió el cubo imprfecto hasta formar una media esfera respingona. sus manos temblaban tento que, en una decena de ocasiones tuvo que abortar elmomento culminante en que la cla debía adheriri la nariz al rostro. Lo consiguió. Tenía previsto clavarla, pero hundir acero en el rostro de un hijo , auqnue sea demadera, es algo que nunca haría un padre.
Las noches siiguientes las pasó dando pinceladas, dejando secar y barnizando cada una de las piezas. Pinocho estaba terminado, ahoralos ojos profundos de su hijo lo miraban. Gepeto esperaba escuchar en cualqier momento sus palabras. DEseó el milagro de una vida real para su retoño. Rezó oraciones que hac´´iamucho timepo que no rezaba a un Dios en quien no creía. Pidió un milagro que quebrase la espiral de su tristeza: un niño, un niño de verdad, con manos carnosas suaves, con olor a leche y sudor en lugar de barniz y pintura. Gepeto se durmió.
Músicacelestial. Alas diminutas que batías. Gepeto despertó. sobresaltado por la pesadilla se cubbrió el rostro con el edredón.
-Gepeto.
Qué voz tan dulce, suave y débil, una voz amiga que habría sido bien recibida si no fuese porque sabía que estaba sólo en la alcoba. ¿Habría cobrado vida su recién acabado hijo? LLeno de espanto teblaba, quebrado por elmiedo a la vez que alborozado al poder ver realizado su sueño imposible.
-Gepeto.
Era una vos deniña, sin lugar a dudas, de niña o de señorita. buscó en los rincones de su cuerpo losresquicios dvalor quehabía dejado una vida instalada en la derrota. Encontró un pco en el dedo gordo del pie, denajo de un callo. Lo recató. Sacó las manos de las sábanas, sacó la frente, los ojos y miró. fRente a su cama, suspendida por la vibración de sus alas, revestida de reflejos dorado, había un pequeño ser.
-Gepeto, vengo a cumplir tus deseos.
-¿Mis deseos?¿Pero quien eres tú?
-No importa Gepeto. Un hada, un genio o un demonio. ¿ Qué más da si cumplo tus deseos?
-¿Conoces mis sueños?
-Sí
-¿Y por qué no los cumples sin más?
-Porque los sueños sólo son deseos si se expresan, y para expresarlos debes decidir.
Gepeto se había vuelto indeciso, dudaba de todo desde que dejó de ser artesano. Miró a su hijo. Era suoportunidad de traerlo a la vida, de tener un compañero, alguien a quien cnsolar, alguien cn quien compartir alegrías y tristezas. Gepeto miró alrededor, su habitación pobre y desordenada; en lapared de enfrente, tras el hada o el genio o el demonio, había un espejo, y en el espejo se reflejaba GEpeto, viejo, triste y desesperanzado. el indeciso Gepeto tomó una decisión.
-Hazme marioneta.