Gepeto triste uno
GEpeto era artesano, ahora trabaja en una cadena de montaje de muebles. Cobra a fin de mes un salario, siempre elmismo del que, gracias al banco, puede disponer por anticipado el día 25. el sueldo es modesto, pero como vive solo, puede pasar de un mes a otro sin dejar la cuenta en números rojos. Tan sólo alguna vez, cuando surgen pagos inesperados, o se juntan varias deudas a la cez, ha tenido que recurrir al adelanto de la nómina.
Gepeto tenía antes el negocio de ebanistería que había heredado de su padre, quien le habia enseñado cada detalle del oficio: el uso del cepillo, de las brocas, los buriles, el conocmiento de las maderas y cómo aprovechar los dibujos de sus vetas para dar elegancia a los muebles. Pero su padre no le enseñó a combatir la embestida de los tiempor: cuando el futuro se convirtió en presente, sin avisar, Gepeto se encontró con el prêt-à- porter del mueble: nadie compraba unos muebles para toda la vida que iba a cambiar antes de diez años. Unos meses subsistía y otros no. Resistió unos años, pero claudicó cuand, después de vender por cuatro perras los muebles centenarios de la familia se vio solo entre paredes desnudas de una casa amenazada de ruina.
Había sido afortunado al encontrar su trabajo actual porque, aunque Gepeto no era lo que se dice viejo, tampoco era muy jóve, y él , que siempre fue un hombre realista lo reconocía; pero así mismo sabía que, desde el primr día que ocupó su puesto bajo el techo de uralita de una nave industrial, frente a los mandos de una máquina que gobierna el funcionamiento automático de otras máquinas, su felicidad anterior se fue desgranando con un ritmo rápido, sólo enlentecido por su afición secreta. Y es que Gepeto, desde el primr instante, se lleva sin permiso tacos de madera de sobrantes del corte. Al principio, el hurto era sencillo, sobraban los trozos demadera, pero los programas informáticos cada vez más precisos, aprovechan eb la actualidad hasta el serrín para fabricar aglomerado. Con sus horas de labor, ha llenado los estantes, las lejas, los rincones de juguetes policromados que son su única compañía. Pero ahora estaba parado, se cansó de hacer coches, trenes y animales y comenzó a fabricar un niño, un niño articulado, que sustentado pro hilos dirigidos por sus manos cobraría uan vida prestada y una voz ( la de GEpeto) en falsete.
Estaba muy satisfecho cn el progreso de su obra. había tenido que trabajar con paciencia e imaginación para engarzar unas piezas cada vez más diminutas. Todo o daba por bien empleado, si no fuera por la tara a la que no podís dar solución: el muñeco todavía no tenía nariz. La racanería de la versón beta final del último programa informático no le había dejado el trozo del tamaño de un dedal que necesitaba........
(continuará si queréis..)