Me gustaría que fueras más romántico, más cariñoso, más comprensivo, más comunicativo, más alegre, más ecuánime, más elocuente, más delicado, más tierno, más considerado, más sobrio, más fiel, más positivo, más optimista.

Pero a pesar de todos los detalles que te faltan y de todos los defectos que te sobran, a pesar de estar muy lejos de la perfección, no puedo negar que eres el hombre de mi vida y que nunca he podido dejar de amarte.

Por eso siempre acabo perdonándote, por los siglos de los siglos...