Solos, apartados del mundo,
en nuestro escondite ideal,
nadie podrá robarnos
el gozo del momento.
Cobijados de todo
no nos perturbarán
las tormentas solares
los sunamis, las guerras
ni el calentamiento global.
Solos, no sentiremos más
que los latidos de nuestros corazones
marcando los segundos de este encuentro.
El terciopelo de tus labios
recorriendo cada rincón de mi epidermis,
excitando cada uno de mis poros.
Tus dedos sabios,
buscando el punto exacto
que activa mis gemidos de placer.
Placer que es a la vez
físico, espiritual y cósmico,
todo el placer del universo
se resume en una sola de tus caricias
y yo podría morir
después de haberla recibido.